“Como sacerdote, lo que más me preocupará es que aquellos a los que me toque servir, se acerquen a Dios”
Este fin de semana la Iglesia de Mérida-Badajoz está de fiesta. Después de tres años sin ordenaciones sacerdotales, el sábado a las 11 recibe el sacramento del orden en la Catedral Francisco Orán
¿Cómo vives tu ordenación?
Con una gran responsabilidad, es un signo de esperanza para nuestra Iglesia local, pero al mismo tiempo, como te digo, lo asumo con mucha responsabilidad.
Has estado como diácono en Jerez de los Caballeros, ¿cómo ha sido tu experiencia?
Ha sido un periodo muy grato, lleno de muchas cosas positivas. Antes de ser ordenado diácono rezaba por la comunidad a la que iba a ir a echar una mano, luego te das cuenta de que esa gente tiene rostro y viven situaciones de todo tipo: alegrías tristezas…
Luego ves la respuesta de la gente día a día. Cuando estás con ellos en lo bueno y en lo malo, ellos también se acercan a lo que le puedas proponer desde Dios. Como te digo, al final te encuentras con una experiencia rica.
¿Cómo te planteas el ministerio sacerdotal?
Como estoy tan metido en el día a día de la parroquia, lo veo con ilusión, esperanza, pero algo normal, que ya toca. Estoy espectante, pienso dónde iré a prestar mi servicio pastoral porque cada año se jubilan varios sacerdotes y salimos con cuenta gotas; hay muchas necesidades en la diócesis, pero en el fondo todo se resume en que tendré que entregarme totalmente, allí a donde vaya.
Como sacerdote, lo que más me preocupará es que aquellos a los que me toque servir, se acerquen a Dios.
¿Dónde crees que debes poner los acentos cuando don Celso te encargue una labor pastoral?
A mi me gustaría que la gente me conozca por ser una persona de Dios, que sea capaz de llegar a las necesidades de niños, jóvenes y adultos. Me gustaría ser capaz de poner el acento donde Dios me lo pida, no hacer lo que yo quiera, sino saber escuchar y dejarme llevar por el Espíritu. Querría saber dar respuesta a cualquier necesidad que haya por donde pase.
Este año he descubierto que es importantísimo visitar a los enfermos, pero también estar con los niños de catequesis y con los jóvenes y no lo es menos acompañar a las familias. Al final descubres que necesitas estar presente en todos los ámbitos, porque cuando estás ahí te demandan más y responden. Jóvenes, cofradías, enfermos… cuando se hace desde Dios, poniéndote en sus manos y respondiendo a lo que demandan, mi experiencia es que las dificultades se alivian o son más llevaderas.
Desde tu experincia en el diaconado, ¿qué sector has visto más dicícil?
No sé, cuando te pones a trabajar sin esperar recoger nada, aunque haya dificultades en el camino, se ve mejor. Te lo digo porque este año ha sido así, era diácono y no sabía a dónde me iba a enviar don Celso cuando me ordene. Por ello, lo único que hacía era sembrar sin esperar nada, pasaba por una comunidad a la que probablemente, una vez que me ordene, no volveré. No era una presencia con una acción que ponía la vista en unos objetivos pastorales en el tiempo, no. Simplemente era sembrar y ya está, confiar en que Dios da el crecimiento y que ya los recogerá quien le corresponda.
Has hablado mucho de la gente. ¿Qué te dicen aquellas personas con las que tratas?
De una forma o de otra, todos te dicen que estés con ellos, cerca de ellos. A todo el mundo le gusta mucho el Papa Francisco por los gestos de cercanía que tiene.
De los sacerdotes esperan tenerlos al alcance, que no les pongamos trabas, que nos paremos. He escuchado muchas veces, cada vez que llego a un sitio, esta frase: “síéntese usted”. Al final demandan escucha, palabras de aliento. Me duele mucho cuando visito a los enfermos y como tengo muchos, voy deprisa.
Juan José Montes

