En la parroquia Santo Domingo, en Badajoz

Hay un refrán aplicado al mes de Noviembre que dice: » Bendito mes que comienza con todos los santos y termina con San Andrés». Pero para nosotros, los que nos sentimos profundamente «marianos», el mes de noviembre tiene un final muy gozoso, el broche de oro de la novena dedicada a nuestra Madre, la Virgen de la Medalla Milagrosa. Para darle el mayor esplendor a este broche, con ilusión renovada, todas las asociaciones diocesanas preparan sus triduos o novenas. Yo me referiré a la novena de Santo Domingo en Badajoz por ser la sede del Consejo y la referencia clave de la ciudad, para este culto.
Estos días constituyen la expresión más clara del fin que mencionan nuestros estatutos: honorar y fomentar la devoción y el compromiso con nuestra Madre. Estos dos términos: devoción y compromiso han sido las dos ideas motrices de nuestra novena. Como devotos hemos vivido plenamente la comunión cristiana de toda la familia vicenciana; hemos gozado con el poder de convocatoria de María, bajo la advocación de la Medalla Milagrosa. Aunque para facilitar la asistencia hubo dos celebraciones de la novena, mañana y tarde, en la celebración eucarística del último día, por la tarde, el templo quedó pequeño para acoger a los fieles. La celebración revistió una gran solemnidad: concelebraron seis sacerdotes, el Coro de la Catedral ayudó a elevar nuestro espíritu con sus cantos y especialmente emotivo, como siempre, la imposición de la Medalla a los nuevos asociados.
Pero la devoción debe traducirse en compromiso, como nos decía el Concilio que la devoción a María se hace efectiva en la imitación de sus virtudes. De esto se encargó de recordarlo el predicador da la novena D. Antonio Cerro Ruiz, gran enamorado de esta Asociación desde su niñez, hombre de Fe profunda y de verbo fluido que contagia. El límite de extensión me obliga sólo a destacar dos virtudes de la Virgen sobre las que incidió mucho: La Fe de María y María, paradigma de oración.
La Fe de María. Para la Virgen la fe no era sólo creer la Palabra de Dios; también fiarse de Él y confiar en Él. Con su Fiat como respuesta, facilitó la Encarnación del Verbo. Este es el modelo para vivir nuestra Fe: fiarnos y confiar en Dios. Esta fe movió a su prima Isabel a pronunciar esta frase: Feliz tú porque has creído. María, paradigma de oración. Su oración era exigencia de su fe para seguir siempre a su Hijo hasta la cruz. También nos invita a esto, a hablar con Dios en la oración para hacer lo que Él nos diga.
Mariano Cabanillas, Preidente diocesano AMM

