Mensaje de Navidad: El asombro ante la humanidad del Unigénito de Dios

D. Celso Morga publica en el nº 1.347 de la revista diocesana “Iglesia en camino” su mensaje de Navidad bajo el título «El asombro ante la humanidad del Unigénito de Dios» y que reproducimos a continuación:

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Queridos fieles:

¡Es Navidad! De nuevo, ante el belén, nos llenamos de asombro ante el Niño, su madre, María, y José. Es un asombro que nos invade todos los días del año, pero que se hace más intenso durante estos días santos.
Es el asombro ante la humanidad del Unigénito de Dios. Porque el Hijo de Dios se hizo hombre. Asumió nuestra condición humana para liberarnos del pecado y proponerse a nosotros como modelo a Quien imitar. Como dice san Ireneo: «La Palabra de Dios, que habitó en el hombre, se hizo también Hijo del hombre, para habituar al hombre a percibir a Dios, y a Dios a habitar en el hombre, según el beneplácito del Padre» (Contra los herejes, 3, 20).
Es Dios-con-nosotros, nacido de la Virgen, como señal de nuestra salvación. Nuestra salvación no proviene de nosotros. Como dice san Pablo con un grito que proviene desde las profundidades más profundas de nuestra humanidad: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?» Y la respuesta: «Gracias doy a Dios, por Jesucristo nuestro Señor» (Rm 7,24). San Pablo, con esta exclamación tan genuinamente humana, se hace eco del antiguo anuncio profético de Isaías: «Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes: decid a los cobardes de corazón: “Sed fuertes, no temáis”. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona y os salvará» (Is 35,3).
¡Dios nos salva! ¡No nosotros mismos! Esta es la alegría profunda de la Navidad. Dios nos ama y nos salva. Como canta la liturgia de estos días dichosos: «Escuchad pueblos la Palabra del Señor; anunciadla hasta los confines de la tierra. Decid a las islas remotas: “Vendrá nuestro Salvador”/ Anunciadlo y pregonadlo, gritad a pleno pulmón/ Decid a las islas remotas: “Vendrá vuestro Salvador”». Que anunciemos esta Buena Nueva con nuestra propia vida.
La gloria del hombre es Dios, como afirma también san Ireneo. Cuanto más nos dejamos invadir por Él recibimos más gloria, más alegría, más felicidad, más realización personal, más plenitud humana, más acrecentamiento de su propio Ser en nuestro ser, hasta hacernos semejantes a Él, que murió por nosotros.
¡Feliz Navidad!

Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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