Artículo D. Celso.- Caminando en esperanza

Artículo de D. Celso Morga en el nº 1.351 de la revista diocesana “Iglesia en camino” titulado “Caminando en esperanza” y que reproducimos a continuación:

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Queridos fieles:

El próximo jueves, día 2 de febrero, es la fiesta de la Presentación del Señor. Coincidiendo con ella celebramos la Jornada de la Vida Consagrada, que este año tiene como lema «Caminado en esperanza».
La Iglesia tiene una riqueza inconmensurable de carismas que se concretan en cada uno de nosotros. También las congregaciones religiosas y otras formas de consagración dentro de la Iglesia, reciben del Espíritu Santo carismas que acentúan una forma de trabajar dentro de la viña del Señor. Desde el cuidado a los enfermos hasta la educación, pasando por el mundo de la marginación los miles de consagrados y consagradas (ellas son muchas más que ellos), se entregan cada día, sirviendo y dando testimonio de vida cristiana.
Con el tiempo he percibido que aquellas comunidades parroquiales que tienen la suerte de contar con comunidades religiosas u otro tipo de realidades de vida consagrada, adquieren una sensibilidad especial. No se trata solamente de la relación cotidiana, del día a día, el trabajo orante y silente de las personas consagradas va dejando un poso a lo largo de los años que va empapando como una lluvia fina a todos los que están a su alrededor. La vida cristiana se refuerza con el testimonio de tantos hermanos que han consagrado sus vidas al Señor.
Como destacan los obispos de Comisión episcopal para la Vida Consagrada en su mensaje para esta jornada, «las personas consagradas tratan de compartir caminando en esperanza, aun cuando no llevan bastón ni alforja ni una capa o túnica de sobra.
Su camino cotidiano de castidad comienza y termina en la casa de la comunidad. Los hermanos son su con quién. Ellas saben que no han sido llamadas a la soledad estéril, sino que tienen que entrelazar sus historias con las del resto de consagrados, con el conjunto del pueblo de Dios, con sus hermanos y hermanas de orden, congregación o comunidad, de parroquia y unidad pastoral, de arciprestazgo, de Iglesia particular y universal… y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, principalmente los más pequeños. Es en esta unión de voluntades siempre retadora, con exigentes rasgos sinodales, donde se alumbra una esperanza distinta a la que ofrece el mundo, capaz de derribar muros, abrir fronteras y soñar juntos el reino que, gracias a Dios, ya se ve en esta tierra fatigada».
Esta jornada es una ocasión privilegiada, que no aislada, para agradecer a Dios la realidad de la vida consagrada en nuestra Iglesia diocesana, que adopta rostro y nombre en aquellos consagrados que tratamos en nuestras comunidades parroquiales. Agradezcámoslo con nuestra oración y nuestro compromiso, colaborando con ellos en su dedicación, caminando sinodalmente en esperanza, como nos propone el papa Francisco.

+Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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