Mérida acogió el Día del Misionero Extremeño

Lema: «Compartimos la misión»

Participantes en la basílica Santa Eulalia, donde fue la oración inicial y se escucharon los testimonios.

Mérida acogió el pasado sábado, 4 de marzo, el Día del Misionero Extremeño, organizado por las delegaciones de Misiones de Extremadura.

Bajo el lema “Compartimos la misión”, se llevaron a cabo diversos actos que se iniciaron en la basílica Santa Eulalia, donde se realizó la oración inicial y se escucharon testimonios de misioneros, uno por cada diócesis.

Mari Ángeles, de la diócesis de Plasencia.

El primer testimonio llegó de Plasencia, con Mari Ángeles,  una misionera seglar que ha trabajado en Guinea Ecuatorial, que contó las dificultades con las que se encontró al llegar a esa tierra, donde se carece de lo más básico y “te encuentras a veces con un ambiente caótico hostil”, aunque con la entrega misionera fue descubriendo dignidad humana: «sentí que lo importante no es ser servido sino servir».

Ile Judit, de la diócesis de Coria-Cáceres.

Por la diócesis de Coria-Cáceres intervino la religiosa peruana Ila Edith, hermana Franciscana de la Inmaculada Concepción. Tras pasar por varios países como Italia y El Salvador, llegó a África, que era su deseo. En 2014 la destinaron por fin a la República Centro Africana, donde vivió experiencias durísimas a consecuencia de la guerra. “Entran en las aldeas, secuestran, roban, se llevan a las jóvenes para hacerlas esclavas sexuales y a los niños para explotarlos laboralmente. En medio de esa realidad está presente nuestra Iglesia”. Finalmente tuvo que salir del país por esa situación.

Hermana Martina, de la archidiócesis de Mérida-Badajoz

Por último, por Mérida-Badajoz intervino la hermana Martina, mexicana que reside en el convento de las Adoradoras. Le contó a los participantes que ha descubierto que, como santa Teresita de Lisieux, religiosa de clausura y patrona de las misiones, “la misión está en casa, en el trabajo, en el ámbito en el que nos movemos, y somos todos, no solo el sacerdote o la religiosa, ofreciendo nuestra vida por las misiones”.

Posteriormente, los asistentes al encuentro realizaron el “Via Martyrium”, desde la basílica de Santa Eulalia hasta el acueducto de los Milagros, recordando el camino y el testimonio de la mártir santa Eulalia, que estuvo en el centro de toda la jornada.

La «Vía Martyrium» finalizó en el acueducto de los Milagros

  Tras la comida, los participantes tuvieron la oportunidad de visitar el Museo de Arte y Cultura Visigoda de Mérida.

La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía en la Concatedral de Mérida, presidida por Monseñor Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz. Don Celso Morga agradeció a los misioneros «tener vivo el espíritu de evangelización», algo que ha vivido personalmente en las visitas que ha realizado a los misioneros.

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Arzobispado de Mérida-Badajoz
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