Los fieles, corresponsables con la tarea de la Iglesia y orgullosos de su fe

Hoy se ha presentado en el salón de actos del Arzobispado el Día de la Iglesia Diocesana, que celebramos este domingo 12 de noviembre. “Orgullosos de nuestra fe” ha sido elegido como lema para este año. Esta jornada tiene como objetivo el concienciar a los fieles sobre la importancia de la corresponsabilidad en la vida de la Iglesia, que implica que todos los miembros de la comunidad parroquial, diocesana y universal son responsables de la acción y la vida de esas comunidades. «La fe cristiana no se puede vivir individualmente como una especie de isla, sino que formamos parte de una comunidad», ha afirmado el arzobispo de Mérida-Badajoz, D. Celso Morga, en la rueda de prensa.
En ella, D. Celso ha lanzado la propuesta de que «todos los fieles dediquen su tiempo, cualidades y apoyo económico a la Iglesia». En primer lugar, se sugiere la oración por la Iglesia, ya que la Iglesia nunca se puede disociar de Cristo: «Cristo y la Iglesia forman un solo cuerpo», recuerda D. Celso Morga. En segundo lugar, el pastor diocesano anima a los fieles «a dedicar algo de su tiempo en su parroquia, comunidad o donde sea necesario». En tercer lugar, se les pide que pongan sus cualidades al servicio de los demás, «como una sonrisa cercana, una mano que apoya un hombro desconsolado o acompañar en silencio al que sufre», sugiere D. Celso Morga. Por último, el Arzobispo les pide que apoyen económicamente a la Iglesia, «ya que la Iglesia necesita medios para hacer muchas más cosas de las que hace».
Memoria 2022
Con motivo de la celebración del Día de la Iglesia Diocesana, desde la Secretaría General de Arzobispado se presentan los datos de la Memoria del año 2022, con el objetivo de mostrar lo que hace la archidiócesis en todas sus entidades, en todos los lugares donde está a lo largo de todo el año.
Carlos Torres, secretario-canciller de la Archidiócesis, ha afirmado que «la Iglesia necesita bienes y medios para poder realizar los fines a los que se dedica, que son fundamentalmente espirituales, sociales y educativos». Estos fines se dividen en tres dimensiones: la actividad pastoral, celebrativa y evangelizadora; la actividad caritativa y asistencial de muchas entidades dentro de la Iglesia diocesana; y la actividad educativa y cultural.
Por ejemplo, en la parte de la actividad pastoral, celebrativa y evangelizadora: hay 224 sacerdotes, 204 parroquias, 43 misioneros, 13 monasterios de clausura, 72 comunidades religiosas de vida activa y 486 religiosos y religiosas. Además, se han realizado casi 2.500 bautizos, más de 1.500 confirmaciones, más de 2.000 primeras comuniones, 1.227 matrimonios y 2.120 catequistas que imparten catequesis a más de 15.000 niños y jóvenes. Todo esto es una actividad fundamental en la Iglesia diocesana que necesita el apoyo de los fieles.
Actividad caritativa y asistencial
La Iglesia diocesana tiene una amplia variedad de personas con diversas necesidades, carencias o debilidades que son atendidas. En la actividad caritativa y asistencial, se pueden cuantificar algunos datos: hay 122 centros sociales y asistenciales, muchos de ellos son parroquias, pero otros se trata de otro tipo de entidades, como las Conferencias de San Vicente de Paúl, que atiende a drogadictos, ancianos, etc. Además, se han atendido a 500 personas en la búsqueda de empleo, más de 2.000 personas con enfermedades crónicas y otras capacidades, más de 1.500 inmigrantes han recibido ayudas, 75 personas ayudadas en Centros de Escucha, 3 comedores sociales, 158 menores atendidos en algún centro de tutela y de atención específico, y más de 300 mujeres acompañadas en centros de promoción de la mujer. Caritas Diocesana de Mérida-Badajoz es una entidad dedicada a la acción caritativa y social de la Iglesia, con más de 1.500 voluntarios y más de 5.000 personas atendidas directamente en peligro de exclusión social que afecta a muchas más personas relacionadas con ellas. Otras entidades también de la Iglesia están especialmente dedicadas a la atención de situaciones de mayor debilidad y carencia, como Manos Unidas en la Campaña contra el Hambre, implica una atención, sobre todo en países en vías de desarrollo, a distintas campañas y proyectos muy importantes, así como las del Fondo Diocesano de Solidaridad, que financia todos los años una serie de proyectos en países especialmente necesitados.
Actividad educativa y cultural
La Iglesia diocesana ha estado presente en la actividad educativa y cultural, cumpliendo su misión y prestando un servicio a la comunidad. Hay 25 centros educativos de titularidad católica, uno de ellos universitario: el Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Además, más de 400 niños, jóvenes y adultos participaron en talleres de formación y en las Conferencias de San Vicente de Paúl. Algunos museos de titularidad diocesana, como el Museo de la Catedral o el Museo de Santa Clara, en Zafra, realizan una labor cultural y turística muy importante. El Museo de la Catedral ha inaugurado la visita a la Torre de la Catedral, con casi 9.000 visitantes en el año 2022. Además, desde la Iglesia diocesana se llevan a cabo publicaciones teológicas científicas prestigiosas, como Pax et emérita, y la revista de difusión semanal de la diócesis, Iglesia en camino, que sigue teniendo una difusión muy amplia, tanto en papel como en otros medios.
Carlos Torres ha afirmado que con la publicación de esta Memoria «mostramos lo que la Iglesia hace para que los fieles vean que necesitamos su apoyo».
Datos económicos
En la Memoria de 2022 también aparecen los datos económicos de dicho año. Julián Peña, ecónomo diocesano, ha sido el encargado de presentarlos con motivo de la celebración del Día de la Iglesia Diocesana. El año pasado la Archidiócesis gastó 14,6 millones de euros, de los cuales 885.000 euros se destinaron a préstamos para reparaciones en algunas parroquias y a la terminación de la residencia sacerdotal para los sacerdotes eméritos en Badajoz. El resto del presupuesto se ha destinado a actividades pastorales, asistenciales, funcionamiento de los edificios, suministros y gastos ordinarios de estos edificios, y retribución del clero. Estos recursos proceden en un 80% de la aportación de los fieles (un 50% de las colectas, de las cuotas y de los donativos, y en un 20% de la asignación tributaria que hace la Conferencia Episcopal entre las diferentes diócesis). Otro 20% llega de subvenciones. Los ingresos de patrimonio y de otras actividades, principalmente de alquileres de edificios, como casas rectorales que están en desuso porque cada vez hay menos sacerdotes, representan el resto del dinero, 188.000 euros.
Julián Peña ha afirmado que «la Iglesia diocesana ha administrado sus recursos de la mejor manera posible», pero se podrían hacer más cosas y tener los templos en mejor estado, los centros parroquiales o, incluso, podrían hacer muchísimas más actividades si la aportación tanto de los fieles como de las entidades públicas y privadas les permitiera realizar esa tarea. El Ecónomo diocesano hace «un llamamiento a que los fieles y los seglares hagan un análisis de cuál es su aportación y vean exactamente la necesidad que tiene su parroquia o su hermandad, y un llamamiento al resto de la población para que aquellos que crean o consideren que la actividad que hace la Iglesia, no solamente la actividad pastoral o asistencial sino la actividad también de mantenimiento del patrimonio, sea interesante, pues que apoyen a través de una cuota periódica o de alguna manera».
Testimonios
En la rueda de prensa se escucharon testimonios de personas beneficiadas por la acción de la Iglesia y personas voluntarias.

Sofía Triviño, artista digital y responsable de medios de comunicación de Manos Unidas en Mérida-Badajoz, ha compartido su testimonio sobre su experiencia como voluntaria en esta organización. Se unió a Manos Unidas como voluntaria hace dos años, gracias a un campamento que organizaba esta ONG católica en Suiza. Fue allí gracias a su hermana, que también es voluntaria en esta ONG. Para Sofía, ser voluntaria de Manos Unidas es algo gratificante porque dedica parte de su tiempo a ayudar a los demás.
Sofía apunta que «la media de edad de las voluntarias de Manos Unidas es de 70 años», por lo tanto, anima a los jóvenes a que formen parte del voluntariado, ya que necesitan que alguien releve ese voluntariado. A pesar de su edad las voluntarias de Manos Unidas tienen muchísima energía y vitalidad, tanta que Sofía espera «ser como ellas cuando tenga su edad».

Por su parte, Faustino González, profesor jubilado y catequista, ha compartido su testimonio sobre su experiencia de fe. Faustino vivía la fe que le transmitieron sus padres, pero no había sentido una experiencia viva y directa de Dios en su vida hasta que se incorporó al Camino Neocatecumenal en la parroquia Jesús Obrero, en Badajoz, en el año 1987. Faustino ha recorrido toda Extremadura en sus 38 años de enseñanza, y ha visto cómo Dios lo ha ayudado y ha cuidado a sus hijos, incluso cuando ha estado varios años fuera de Badajoz. Faustino ha aprendido a ver a Dios como Padre gracias a sus catequistas, quienes le dijeron que llamara a Dios «Papá» y le enseñaron a rezar el Padrenuestro .
Faustino es un ejemplo de cómo la fe puede ser una fuente de consuelo y fortaleza en tiempos difíciles. Su testimonio nos recuerda que Dios siempre está con nosotros, cuidándonos y guiándonos en nuestro camino.

Por último, Lucas Silva, voluntario de las Conferencias de San Vicente de Paúl, en Mérida, ha compartido su testimonio sobre su experiencia. Lucas ha sido beneficiario de las Conferencias durante años y ahora también da su tiempo a esas personas que lo necesitan a él. Lucas se siente orgulloso de San Vicente porque «me ha dado mucho y todo me va de maravilla gracias a las Conferencias». Empezó desde pequeño porque su madre ya era beneficiaria del comedor social: «uno de los requisitos que pedían era que si te entraban en el comedor a comer, tenías que estudiar, si no no entrabas». Lucas tiene un hermano que, gracias a las Conferencias que le dieron herramientas para su oficio, es fontanero y lleva 30 años de autónomo. Además, esta sociedad cuenta en Mérida con un ropero solidario y una «escuelina», donde los niños estudian. Lucas ahora es el que reparte los alimentos junto con sus compañeros.

