Más de medio centenar de reclusos llenaron este domingo la capilla del Centro Penitenciario de Badajoz para participar en la apertura del Año Jubilar en este lugar, que se suma a los otros siete decretados por el Arzobispo como lugares jubilares.
La ceremonia comenzaba a las 10 de la mañana con los alrededores teñidos de blanco por la helada de la noche, lo que no fue impedimento para la elevada participación de reclusos, a los que se sumaba el director del centro y una representación de voluntarios de la Pastoral Penitenciaria que habitualmente acuden para colaborar en los distintos proyectos que la Iglesia lleva a cabo dentro de la cárcel.
La Eucaristía fue presidida por el vicario general, Francisco Maya, y concelebrada por los dos capellanes: Isidro Luengo y Antonio León. En su homilía, Francisco Maya afirmaba que el Jubileo es un tiempo de esperanza para “salir de nuestros desánimos” y pasar “del desaliento a la serenidad”. Este Año Jubilar “es tiempo de arrepentimiento, de conversión porque Dios no condena, no juzga, sino que nos perdona”. Es tiempo “para reconocer nuestros errores, de pedir perdón y reconocer lo que hay de bueno en nosotros”.
“En vuestros módulos, cuando empecéis a darle vueltas a la cabeza, puede que os sintáis hundidos por lo que hayáis podido vivir” -continuó el celebrante-, pero añadió que entonces recuerden que “la misericordia de Dios no tiene límites”. “Se trata de que veamos nuestra vida a la luz del amor de Dios y la rehagamos, Dios camina con nosotros, no nos abandona” -añadió. En otro momento de la homilía afirmaba que “no se trata de abrir las puertas de la cárcel”, sino de “abrir las del corazón para dejar entrar a Dios que no nos condena”.
Francisco Maya les pidió a los reclusos que se apoyen unos a otros en los momentos duros que todos tenemos, “estad pendientes de los demás”.
Los últimos lugares jubilares que se abrirán son el Hogar La Providencia, de Ribera del Fresno, y en el Hogar San José, de Azuaga, ambos el próximo domingo 26 de enero.


