D. José felicita a los sacerdotes en la fiesta de Jesús, sumo y eterno Sacerdote

El jueves posterior a Pentecostés, la Iglesia celebra la fiesta de nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote. Por este motivo, el Arzobispo de Mérida-Badajoz ha querido mandar a los sacerdotes unas palabras de gratitud y esperanza, para reconocer el don inmenso que han recibido al participar del sacerdocio de Cristo. «Somos llamados a ser signos vivos del amor y la misericordia de Dios en medio de su pueblo, reflejando en nuestras vidas la entrega y el servicio de aquel que vino «no para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28).

D. José les desea «que esta celebración renueve en cada uno la alegría del ministerio sacerdotal, fortaleciendo nuestra comunión con Cristo y con nuestros hermanos. No estamos solos en esta misión: el Señor nos acompaña, nos sostiene y nos llena de su gracia». «Haciéndome eco del pensamiento del papa Francisco os pido que no seáis rígidos, tened siempre una mirada y enfoque misericordioso y compasivo, reproduciendo en nuestro ministerio la actitud de Dios, que es de cercanía, con compasión y ternura. Éste es el estilo de Dios, sigamos este estilo».

Además, confía el sacerdocio a la intercesión de la Virgen María, Madre de los Sacerdotes, y pide su auxilio para permanecer fieles a su vocación y al pueblo encomendado.

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Origen de la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote

La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote tiene sus orígenes en la conmemoración del sacerdocio de Cristo, que en la misa latina se introdujo en algunos calendarios y que tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II fue renovada por la Congregación de las religiosas Oblatas de Cristo Sacerdote, cuyo carisma se centra en la oración por la fidelidad de los sacerdotes y el aumento de vocaciones.

La celebración fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino. La fiesta litúrgica contiene textos propios para la Santa Misa y el Oficio que fueron aprobados dos años antes.

Inicialmente, la fiesta se celebraba el 22 de agosto, pero más tarde se trasladó al jueves posterior a Pentecostés, destacando su conexión con la Eucaristía y el sacerdocio.

Los últimos Papas han resaltado la importancia de este día, promoviendo la oración por las vocaciones sacerdotales

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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