Deja tus redes y sígueme

Queridos hermanos y hermanas, particularmente vosotros seminaristas del Mayor y del

Menor: ¡El Señor os dé la paz!

El próximo día 22 de marzo, primer domingo  después  de  la  solemnidad de San José, celebraremos, con toda la Iglesia en España, el Día del Seminario, bajo el lema inspirado en el Evangelio de san  Lucas  “Deja  tus  redes  y sígueme”.

La Jornada quiere poner en el centro de la vida diocesana a nuestros seminarios menor y mayor, sabiendo que el seminario es el cenáculo de nuestra Iglesia particular, es el lugar donde se forman los futuros sacerdotes y pastores de nuestras comunidades. En estos momentos de escasez de vocaciones al sacerdocio, considero una verdadera prioridad de nuestra Iglesia particular el trabajar por ellas.

Partiendo de la necesidad que tenemos de vocaciones al sacerdocio ministerial, y con motivo del Día del Seminario, quiero recordar a todos los miembros de nuestra Iglesia de Mérida-Badajoz y, en particular a los miembros del presbiterio, la responsabilidad que tenemos de suscitar y acompañar las posibles vocaciones al sacerdocio.

Todos hemos de colaborar para que en nuestra Archidiócesis se genere una cultura vocacional en la que pue-da ser escuchada y acogida la llama- da de Dios a cada uno: sea al sacerdocio ordenado, a la vida consagrada y al matrimonio y familias cristianas. Asumir esa responsabilidad comporta: orar por las vocaciones, trabajar en la pastoral vocacional, y ayudar en el  mantenimiento del Seminario.

La oración por las vocaciones. Jesucristo dijo: “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt 9,38). Esta exhortación sigue siendo válida a través de los siglos. La Iglesia  necesita  sacerdotes  que  celebren los sacramentos, prediquen la Palabra de Dios y guíen a los fieles por los caminos de la fe. La escasez actual de vocaciones sacerdotales nos tiene que interpelar a todos y debería llevarnos a una implicación activa y gozosa en la pastoral vocacional.

La implicación en la pastoral de  las vocaciones ha de traducirse en una oración personal y comunitaria más intensa. La oración es la clave para abrir los corazones de los jóvenes a la llamada del Señor. Dada la situación en   que   nos   encontramos   considero urgente  intensificar  nuestra  oración por las  vocaciones, especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes para que respondan con prontitud y generosidad  a  la  llamada  de  Cristo  al  sacerdocio  para  nuestra  la  Iglesia  que peregrina  en  Mérida-Badajoz.  El Señor sigue llamando a la vida sacerdotal. Pidamos que esa llamada sea escuchada y secundada entre los jóvenes de nuestra región, como lo fue en el caso de los primeros discípulos: “Y dejándolo todo, lo siguieron” (Lc 5, 11).

“Las vocaciones nacen del sagrario”, decía el papa Francisco. Por eso, la primera “actividad” a desarrollar en favor de las vocaciones al sacerdocio es la oración. Nadie puede sentirse dispensado de orar por las vocaciones y de trabajar para despertarlas y acompañarlas para que respondan con generosidad. Y, si bien es cierto que hemos de pedir por las vocaciones todos los días del año, también es cierto que en el Día del Seminario hemos de orar por ellas con mayor intensidad. Por este motivo pido a

los sacerdotes que en todas las misas con participación del pueblo de Dios del domingo 22 de marzo y de la víspera el día 21, se haga alusión al Día del Seminario y se eleven preces para que el Señor envíe obreros a su mies. También pido a las comunidades contemplativas de nuestra Archidiócesis que oren insistentemente por las vocaciones.

La pastoral vocacional. El Día del Seminario es una invitación a que toda la comunidad cristiana –laicos, consagrados y sacerdotes- nos involucremos en la promoción vocacional.

Toda la comunidad diocesana, cada uno desde el lugar que le corresponde, somos corresponsables de que aquellos que son llamados por el Señor respondan a esa llamada y se preparen debidamente para el ministerio sacerdotal. Todos, pero particularmente los sacerdotes deberíamos sentir nuestro seminario como algo muy nuestro, conocerlo, amarlo, acercarnos a él y apoyarlo en todos los sentidos: humana, espiritual y económicamente. Ser sacerdotes es lo más hermoso que  nos ha podido tocar.

Todos hemos de presentar sin miedo ni complejos a niños y a jóvenes la llamada de Dios a seguirlo siendo sacerdotes como una posibilidad real y concreta para ellos. ¡Qué triste sería para un sacerdote que por mi silencio se perdiese una vocación al sacerdocio! En un día como el Día del Seminario particularmente los sacerdotes estamos llamados a preguntarnos: ¿Cómo sien- to el seminario? ¿Cómo me implico en proponer la vocación sacerdotal a niños y a jóvenes? Las respuestas que demos a estas preguntas in- dicarán la alegría y la pasión con las que vivimos nuestro sacerdocio y nuestras prácticas pastorales. La escasez de vocaciones, además de sus- citar la oración, exige que to- dos  revisemos  la  capacidad generativa de las prácticas pastorales de la Iglesia, la capacidad generativa de nuestra vida sacerdotal.

Ayuda económica. Nuestra participación en la colecta del Día del Seminario será una muestra de nuestro interés por él. Tened presen- te este objetivo del Día del Seminario es importante. Pido a todos los sacerdotes que indiquen al pueblo de Dios que la colecta de ese domingo es para el sostenimiento del Seminario y que los exhorten a ser generosos. Seamos generosos en la colecta o en otra forma de ayuda económica al Seminario.

A la base de estas tres acciones está el afecto por el Seminario donde se formó gran parte de nuestro clero, y el compromiso por su mantenimiento y el compromiso por suscitar nuevas vocaciones. Mi sincera gratitud a todos los que trabajan por fomentar y acompañar las vocaciones. Y a quien no lo hacen les pido un esfuerzo en este sentido, sabiendo que hemos sido llamados para llamar.

Una palabra dirigida a los jóvenes. Querido joven, sitúate en actitud de búsqueda, desde la cual pue- des encontrar tu fondo vital y espiritual. Pregúntate por lo que te mueve por dentro. Hazte la pregunta ¿para quién soy? Escucha la pregunta que te lanza el Señor: ¿Qué buscas? Y si tienes alguna inquietud dirígete a los formadores del Seminario. Ellos te podrán orientar. Que el Señor atienda nuestras oraciones por las vocaciones sacerdotales, Santa María, Madre de los sacerdotes, junto con san Atón, patrono de nuestro seminario presenten nuestras peticiones al Padre de las misericordias para que haya una nueva primavera vocacional en nuestra Archidiócesis. Señor, despierta en nuestra Archidiócesis el rumor de tu llamada y cuando alguien escuche tu paso leve, que no tenga miedo de decirte “Sí”, aunque el camino sea incierto, aunque la noche parezca larga. Danos sacerdotes que amen pro- fundamente su vocación y la contagien con su vida y su palabra.

Vuestro pastor y hermano

 Fr. José Rodríguez Carballo, ofm

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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