Artículo D. Celso.- Hacer el bien en el cuerpo y el alma

Artículo de D. Celso Morga en el nº 1.354 de la revista diocesana “Iglesia en camino” titulado “Hacer el bien en el cuerpo y el alma» y que reproducimos a continuación:

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Queridos fieles:
Ha caído en mis manos un libro, ya clásico de vida espiritual, publicado por primera vez en Estados Unidos en el año 1961 y aquí en España en 2014, titulado El poder oculto de la amabilidad. Su autor es Lawrence G. Lovasik.

Entre otras cosas, me ha llamado la atención una observación, que, a veces, podemos olvidar: en el mundo de hoy existe, junto a la miseria corporal o material, mucha miseria espiritual. El amor de Cristo, que intentamos vivir como cristianos, nos lleva a compartir las necesidades
físicas y materiales de nuestro prójimo cercano y lejano, como estamos viendo en estos días en Turquía y Siria o en la Campaña contra el hambre en el mundo de Manos Unidas, que celebrábamos
el domingo pasado.
Hacer el bien a los demás con un amor desinteresado, aliviando sus penurias materiales, compendiadas en las obras de misericordia corporales, es un amor a imagen de Cristo y contribuye a la salud y el crecimiento de la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Pero, junto a esas obras de misericordia corporales, están las obras de misericordia espirituales y a ellas debemos prestar también nuestro amor como cristianos.
A nadie se nos oculta la miseria espiritual en la que hoy vivimos: una fe que se va enfriando; una esperanza en la vida eterna y en la resurrección que fatiga tanto para ser vivida, incluso entre los
cristianos; un modo de pensar, vivir y actuar cada vez más individual y cerrado, dudas, errores… Cuánto nos llama la atención esa página del Evangelio en la que unos amigos pusieron a los pies de Jesús a un hombre afectado de cruel parálisis. El Señor, sin embargo, ve en él una desgracia aún peor: la enfermedad
del alma. Y conmovido pronuncia esas palabras, que solo Dios puede decir: «Tus pecados te son perdonados» (Mt 9,2).
Ahí, el Señor nos está indicando que la raíz última de todos los males corporales y materiales está en el pecado. En cambio, nosotros, con nuestra visión torpe y débil, damos mucha más importancia a las consecuencias que a la causa. Quien sufre sólo en el cuerpo puede ser feliz mientras su alma permanezca
sana. Sin embargo, aquel cuya alma está enferma no puede hallar reposo ni paz, por sano y pletórico que se muestre exteriormente.
Nuestra misión como cristianos es compartir, aliviar, hacer todo lo posible para que la miseria material, física y desigualdades injustas desaparezcan de la humanidad, pero como un camino para llevar a Dios este mundo, que es Suyo y que nunca podrá encontrar la verdadera felicidad si Dios desaparece de su vista.

+Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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