[Artículo] ¿Para quién soy yo?

A continuación, reproducimos íntegramente el artículo “¿Para quién soy yo?” que el arzobispo de Mérida-Badajoz, D. Celso Morga, escribe en la página 3 del nº 1.279 de “Iglesia en camino”.

¿Para quién soy yo?

Queridos fieles:
El IV Domingo de Pascua lo conocemos como el «Domingo del Buen Pastor». La liturgia nos recuerda que Jesús
es el pastor que necesitamos. Él es el único que nos conduce hasta la Vida Eterna, que nos conoce a cada uno personalmente por nuestro nombre, nos ama y nos cuida con un amor de predilección. Y así, cuidándonos a cada uno,
cuida a todo su rebaño.

Este domingo, además, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, con el lema «¿Para quién soy yo?». Jesús Buen Pastor tiene para cada uno de nosotros un proyecto, una misión, una vocación con la que colaboramos todos en la gran misión de la Iglesia: la construcción de su Reino. Por eso, os invito, una vez más, a que toda nuestra archidiócesis de Mérida-Badajoz nos unamos en una plegaria al Dueño de la mies, al Buen Pastor, para que nos envíe muchas vocaciones santas, al sacerdocio y a la vida consagrada y que, también, surjan abundantes vocaciones en los países de misión, que no les falten los medios necesarios para desarrollarse haciendo presente en sus vidas el amor de Dios. Llevemos en el corazón a nuestro Seminario, a tantos noviciados de vida consagrada y, especialmente, a tantas vocaciones nativas que germinan en países de misión.

El Papa Francisco, en el mensaje que nos ha dirigido con motivo de esta jornada, vuelve a traernos a nuestra consideración la figura de San José, en este su Año Santo. Revelando su grandeza que se esconde en su sencillez, discreción y, sobre todo, en su corazón de padre, el Papa nos recuerda que el sacerdocio y la vida consagrada tienen
que mirar a José de Nazaret y, así, dejar que el Señor forje «corazones de padres, corazones de madres, corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza».

Con este deseo, no solo os invito a orar por las vocaciones que la Iglesia necesita, y en concreto, nuestra archidiócesis, sino también a redescubrir con alegría y agradecimiento la propia vocación. ¡Qué importante es que todos demos gracias a Dios por la vocación a la santidad, llamada que recibimos en nuestro bautismo! Vocación que después se concreta y específica en cada uno en la diversidad de vocaciones: laical, matrimonial, sacerdotal, consagrada, misionera… Reavivemos, siempre, el amor primero. Es la clave de la fecundidad. Si somos fieles a nuestra vocación, seremos felices, estaremos alegres y nuestra alegría contagiará a los demás y el amor de Dios hará que muchos descubran también su propia vocación en la Iglesia. Que importante que todos reconquistemos el «sí fundamental» de nuestra vida que un día dijimos al Señor, el sí de nuestra vocación. Recuerdo, en este sentido, unas hermosas palabras de Benedicto XVI que dirigió a los jóvenes un Domingo de Ramos: «Indudablemente, es importante, esencial, lanzarse a la gran decisión fundamental, al gran «sí» que el Señor nos pide en un determinado momento de nuestra vida. Pero
el gran «sí» del momento decisivo en nuestra vida – el «sí» a la verdad que el Señor nos pone delante- ha de ser después reconquistado cotidianamente en las situaciones de todos los días en las que, una y otra vez, hemos de abandonar nuestro yo, ponernos a disposición, aun cuando en el fondo quisiéramos más bien aferrarnos a nuestro yo».

Respondamos todos, con generosidad, a la pregunta que sirve de lema para esta Jornada de Oración: «¿Para quién soy yo? Miremos al Señor y no tengamos miedo de responder: «Somos tuyos, Señor». De esa respuesta generosa de cada uno, os insisto, depende de que muchos niños y jóvenes se hagan esa pregunta tan fundamental.

Especialmente a los jóvenes de nuestra archidiócesis quiero animarlos a que lo piensen y lo hablen con el Señor. Dios cuenta contigo. Él tiene un gran proyecto de felicidad para ti. Dios tiene una vocación que te hará feliz. Búscalo, habla con Él en la intimidad de tu corazón, y sé generoso. Dile que sí, como hizo María y san José; como han hecho y siguen haciendo tantos corazones valientes. Dios cuenta contigo. Descubre tu vocación. Joven, ¿para quién eres tú?

Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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