Don Celso Morga ordenó a tres diáconos para el servicio de la Archidiócesis

La Archidiócesis de Mérida-Badajoz está de enhorabuena ya que hace más de un decenio que no son ordenados tres diáconos el mismo año. En la mañana de hoy sábado monseñor Celso Morga ordenó a Iván Martínez, de 35 años y natural de Olivenza, a Kevin Mora, de 34 años de edad, procedente de Venezuela, y a Javier Sánchez, de 33 años y natural de Badajoz.  Fue en el transcurso de una ceremonia que daba comienzo a las 11:00 h. en la Catedral Metropolitana, con la asistencia de centenares de fieles y ochenta sacerdotes.

Don Celso comenzó su homilía expresando la alegría por la ordenación de los tres nuevos diáconos porque “toda vocación es un milagro” –dijo.-, al mismo tiempo que rogaba que todos “pidamos al Señor por su fidelidad y santidad”. Don Celso animó a toda la comunidad diocesana a pedir al Señor que no nos falten sacerdotes.

El diaconado está caracterizado por el servicio y precede a la ordenación como sacerdote. Algunas de las funciones del diácono son celebrar el sacramento del matrimonio, bautizar, realizar funerales sin eucaristía y predicar.

Desde ahora, y hasta que sean ordenados sacerdotes, prestarán sus servicios en diferentes parroquias. Iván lo hará en la parroquia de san José y de los Santos Servando y Germán de Mérida, Kevin irá a Olivenza, san Benito de la Contienda y san Jorge de Alor y Javier a Burguillos del Cerro y Alconera.

La ceremonia fue seguida en directo por centenares de fieles de toda la archidiócesis y de Venezuela, donde reside la familia de Kevin, a través del canal de YouTube de la Archidiócesis:

Proceso vocacional y visión del diaconado

En el último número de Iglesia en camino, los nuevos diáconos relataban su proceso vocacional y cómo afrontaban su ordenación. Iván afirmaba que su historia vocacional no es nada convencional. “Una vez que hice la comunión dejé de asistir a la Iglesia y estuve varios años pensando que debe existir ‘algo’ pero viviendo como si Dios no existiera. En un momento determinado, ya con 25 años, empiezo a tener el anhelo de que alguien llene mi vida, que no lograba llenar con las cosas normales del mundo. Ese gran deseo que anhelaba era Dios, algo que descubrí por el testimonio de gente. A partir de ese momento vuelvo a la Iglesia, entré en una comunidad del Camino Neocatecumenal en Zaragoza y allí, por medio de las celebraciones, de la liturgia, por lo que veo y oigo a los hermanos, voy descubriendo el amor de Dios, sobre todo, por medio de la oración y las Sagradas Escrituras. Poco a poco, va surgiendo en mí la pregunta de por qué no entrego mi vida para compartir esta grandeza: descubrir el amor de Dios en la vida, de cómo te transforma y te va liberando de las esclavitudes y te va plenificando porque te hace madurar y crecer. Eso es lo que poco a poco me fue transformando y haciendo que acogiera con gozo y alegría la posibilidad de que Dios me llamara al sacerdocio hasta que finalmente entré en el seminario. Durante mi etapa allí he tenido muchas dudas sobre mi vocación, pero esas dudas se disiparon cuando empecé a hacer una relectura de todo el proceso y descubro que cuando Dios me llama es precisamente en los momentos difíciles, en los que me capacita de fuerza y me llena de su gracia para poder perseverar”.

Kevin espera poder servir a la comunidad a la que sea enviado, “pues el papel del diácono es ese, el de servidor -dice-. Este momento está caracterizado por la alegría y la expectación, además del deseo, ahora que acabamos de celebrar el Corazón de Jesús, de que tengamos el nuestro encendido en ardor y entusiasmo y dar nuestra vida por ese pueblo que Dios nos encomienda”.

Preguntados sobre lo que les gustaría recibir por parte de ese pueblo al que van a servir, Iván afirma que le gustaría que la gente se relacione con ellos y le ayuden a crecer y aprender por medio de la corrección fraterna.

Kevin espera que todos oremos por ellos, “porque esa es la clave de una buena pastoral: que tanto el pastor ore por sus ovejas como las ovejas por su pastor. También espero apoyo, un compromiso desinteresado, de corazón”.

Javier pide que “nos molesten, que no nos tengan de adorno, sino que nos usen, nos interrumpan, nos pidan, nos consulten, que sepan que estamos para ellos, no somos un adorno, vamos a servir”.

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Arzobispado de Mérida-Badajoz
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