El Fondo Diocesano de Solidaridad colabora en la construcción de un Centro Misionero Asiático en Filipinas

La religiosa de Monesterio, Manoli Sánchez, que actualmente desarrolla su trabajo en la ciudad filipina de San Carlos, ha regresado a casa. Después de 9 años en el país asiático, Manoli ha solicitado a su comunidad, (Servidores del Evangelio), un año de “renovación espiritual”. Compartirá su estancia en nuestro país entre su pueblo y su comunidad en Guadalajara.

  Aprovechando su última visita, en 2024, Manoli presentó a la parroquia de Monesterio un proyecto de cooperación internacional, para la construcción de un Centro Misionero Asiático en Filipinas. La iniciativa, que desde el primer momento contó con el apoyo del párroco, Miguel Ángel García Encinas, fue presentada al Arzobispo, con la intención de obtener algún tipo de ayuda económica. Finalmente, el proyecto fue subvencionado con la cantidad de 20.000 €, procedentes del Fondo Diocesano de Solidaridad, que se nutre de la aportación del 1% del presupuesto de gastos de las instituciones diocesanas (parroquiales, hermandades, cofradías y comunidades religiosas).

Usuarios en el nuevo salón.

  A esta cantidad se añadieron otros “generosos” donativos, procedentes de colectas y donaciones individuales para colaborar en este interesante proyecto, -casi “un sueño” para las misioneras-, que pretende “acoger, acompañar y empoderar a los jóvenes filipinos para realizar voluntariados y misiones; tener un espacio amplio para vivienda de las misioneras y para poder realizar todas sus actividades pastorales y formar vocaciones misioneras consagradas en Asia”.

  Tras un largo proceso para la adquisición de los terrenos y no pocos trámites burocráticos, el proyecto comienza a tomar forma. Una vez finalizado, constará de varios edificios, dedicados a “la formación de niños, jóvenes y adultos”. Un espacio, “sano y seguro”, donde la población pueda encontrar “el apoyo y el cariño, que necesitan, ante la dureza de su realidad”. Los donativos recibidos desde Extremadura han servido para ayudar a levantar un primer edificio que incluye un salón abierto, una cocina, aseos y parte de una cancha de baloncesto, que se pretende completar con la construcción de una “casa de formación”, para las futuras vocaciones nativas. El proyecto incluye, además, una capilla y un centro pastoral.

“Anunciar el evangelio y formar misioneros”. Así resume Manoli Sánchez su trabajo y el de sus compañeras en Filipinas. Su labor está especialmente dirigida a la población más joven. Gente con muy pocos recursos, de bajo nivel educativo que crece en una zona extremadamente pobre. La atención a las personas más vulnerables es constante: “visitamos a las familias, atendemos a sus enfermos”, expresa la religiosa.

  Además de este proyecto y, gracias a los donativos que habitualmente recibe de la comunidad monesteriense, la misión colabora en el mantenimiento y manutención de las religiosas, ayudas a la comunidad y a programas de becas de estudio y al sostenimiento de un orfanato.

Mensaje de agradecimiento

Manoli Sánchez ha querido enviar un mensaje de agradecimiento a toda la archidiócesis de Mérida-Badajoz por su generosidad:

«Me gustaría poner nombre y rostro a uno de esos proyectos a los que va destinado el dinero que damos en la Iglesia y que muchas veces nos preguntamos si llegará o no, o adonde irá.

La Iglesia ayuda y apoya a muchos proyectos, y el dinero sí llega. Uno de esos proyectos ha sido el de nuestra Comunidad “Servidores del Evangelio” en Filipinas. Este año recibimos una cantidad suficiente desde el Fondo de Solidaridad de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz para poder iniciar la primera fase del proyecto llamado “Centro misionero asiático”, en la ciudad de San Carlos, Pangasinan, Filipinas. Hemos hecho un salón abierto donde poder tener las actividades con los niños y jóvenes, catequesis, convivencias, misa, etc. También pudimos hacer una pequeña cocina y un baño para chicos y otro para chicas. Estamos ahora terminando esta fase con una cancha de baloncesto y la valla. Gracias a todos los que lo han hecho posible desde mi pueblo de Monesterio que siempre me ha apoyado, Miguel Ángel García su sacerdote, el grupo misionero de la Diócesis y a todos los demás que particularmente me hicisteis un donativo. GRACIAS DE TODO CORAZON.  Las palabras se quedan cortas para expresar mi gratitud y el sentirme parte de esta Iglesia local a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia».

Rafael Molina/Redacción

Misa en el nuevo hall.

 

 

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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