Con motivo de la Jornada Mundial que se celebró el 24 de septiembre

Coria fue este domingo, 24 de septiembre, la ciudad anfitriona de la VIII Encuentro de migrantes y refugiados de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz.
El evento se desarrolló en el colegio Sagrado Corazón bajo el lema «Libres de elegir, migrar o quedarse» y estuvo organizado por las delegaciones de Migraciones. En él participaron más de 250 personas, 55 de ellas llegadas de nuestra diócesis, principalmente de Mérida, donde se encuentra el grupo «Sin Fronteras».
Tras la recepción y las palabras de bienvenida de la organización y las autoridades locales, hubo una yincana para niños y adultos por el casco histórico de la localidad.
A continuación, se celebró la eucaristía en la Catedral de Coria, presidida por el obispo de Coria-Cáceres, Jesús Pulido. En su homilía, el prelado recordaba que Dios nos anuncia un mundo nuevo: “En el que los pobres tendrán hasta saciarse y los ricos pasarán hambre, que los poderosos que están en los tronos serán derribados y los humildes serán enaltecidos. El mundo al revés. Nadie se ha atrevido nunca a tanto, solo Jesús. Y además nos lo ha dicho de múltiples maneras”. El obispo señalaba que ningún revolucionario de la historia ha llegado a tanto: “Y les decía Jesús: no busquéis los primeros puestos porque quien se ensalza, será humillado y el que se humilla será ensalzado. Yo no creo que ningún revolucionario de la historia haya llegado a tanto. Una revolución no “mediante la guerra o la violencia, como lo ha habido en la historia, sino mediante las armas de la fe, el amor y mediante la conversión del corazón, que es más eficaz y duradera”.
La conversión consiste en un cambio de mentalidad, “se lo dice Jesús a Pedro: no piensas como Dios, tú piensas como los hombres. Nosotros, los hombres, tenemos una forma de medir a las personas según los criterios de este mundo. Unos criterios que hemos construido nosotros, con escalafones y jerarquías, con fronteras y divisiones, agarrándonos a puestos, a estatus y sintiéndonos los unos por encima de los otros». «Dios es padre de todos y nos mira a todos como sus hijos que somos. Valora lo que tenemos en común, no lo que nos diferencia, lo que nos hace hermanos y no lo que nos hace adversarios. Las jerarquías y las fronteras nos las inventamos nosotros”.
Esta jornada destaca por la convivencia entre migrantes y refugiados que han llegado a las diócesis extremeñas y que han encontrado en la Iglesia un punto de encuentro y acogida. Un joven de Perú destacaba que “Me pareció genial interactuar con hermanos de muchas culturas y naciones, nos divertimos…”. A su lado, desde Honduras, destacaban que era una oportunidad “para conocernos e integrarnos, a través de diferentes actividades”. Desde Venezuela valoraron el trabajo de la organización y a todos los que aportaron su granito de arena como voluntarios.
Principalmente, los asistentes procedían de América Latina. Uno de los participantes, orihundo de España, destacaba que lo más satisfactorio era “ver a la gente contenta y feliz. Personas emocionarse en el taller al recordar expresiones de sus países”. También hubo espacio para próximos deseos: la de conseguir la participación de otra culturas, países y continentes, como Marruecos o África.
Los actos llegarán a su fin con una comida de convivencia entre todos los participantes, voluntarios y organizadores y música con actuaciones.
El objetivo de este encuentro es «insistir en el derecho de las personas a poder permanecer en sus lugares de origen y poder tener unas condiciones de vida y trabajo dignos».

