Monseñor José Rodríguez Carballo ganó el jubileo en Roma, se entrevistó con el Papa y recibió el Palio Arzobispal

Don José Rodríguez Carballo ha participado la pasada semana en Roma en varios eventos de relieve. Por un lado en el jubileo de los obispos, del 23 al 27 de junio. Pero la estancia en Roma ha sido aprovechada para otros dos eventos muy importantes: el día 24 mantuvo una reunión con el papa León XIV convirtiéndose en el primer obispo español en mantener una audiencia privada con León XIV y el día de san Pedro y san Pablo recibió, también de manos del Papa, el Palio arzobispal, junto a otros 51 arzobispos y dos cardenales.

¿Qué valoración hace de esa visita?, ¿cómo ha transcurrido?

Pues muy bien. Ante todo, paz y bien a todos. La experiencia de estos días ha sido maravillosa.

Para mí Roma tiene connotaciones muy particulares. Allí viví 26 años seguidos. Si a estos le añadimos otros tres como estudiante, son 29 años. En la vida de una persona, 29 años ciertamente dejan huella. Para mí fue reencontrar a tantos amigos, a tantas personas vinculadas, efectivamente, a mi persona y yo a la de ellos. He disfrutado mucho, aunque la humedad era horrible y también eso comporta sufrimiento. Pero lo más importante para mí ha sido la audiencia privada con el Santo Padre, León XIV y después la participación en los jubileos de los sacerdotes, obispos y seminaristas. Fueron días muy llenos, muy llenos de gran experiencia, de comunión eclesial.

Además, estuvo arropado por muchos fieles de la archidiócesis, unos 70, que han peregrinado durante estos días.

Quiero agradecer de verdad al Consejo Episcopal, en primer lugar, que me acompañó en todo momento, y luego también a numerosos feligreses de nuestra archidiócesis que participaron en la peregrinación diocesana, que fue colocado precisamente en estos momentos para que también pudieran acompañarme en la imposición del Palio. Quiero agradecer a don Guillermo Díaz Manzano, el delegado episcopal de la diócesis para las peregrinaciones, el que haya guiado esta peregrinación y que me haya permitido a mí también de este modo poder acompañarles en algunos momentos significativos, como ha sido en San Pedro y como ha sido también en Asís o en Santa María Mayor.

Uno de esos eventos que ha vivido era la entrevista con el Papa. Podemos decir que ha sido un encuentro de dos antiguos conocidos y colaboradores.

Pues sí, nos conocemos de cuando yo era Ministro General de los frailes franciscanos y él era Prior General de los agustinos. En aquel tiempo yo tenía el servicio de ser presidente de la Unión de Superiores Generales y él estaba en el consejo de esa comisión o de esa institución a nivel de Iglesia. También tuve mucha ocasión de participar con él en otra comisión que había a nivel de superiores generales. Él era el presidente de la Comisión Jurídica y yo era el presidente en esa comisión de la Comisión Teológica. Y bueno, pues de vez en cuando teníamos intercambio de opiniones y de reflexiones.

Otro momento también importante fue cuando nosotros, los que pertenecemos a las órdenes mendicantes, hicimos una comisión a nivel nuestro para actualizar el término mendicante. Y en esa ocasión yo era el presidente de esa comisión y él era el vicepresidente. Por tanto, fueron siempre momentos muy cercanos, de mucha cercanía, momentos de mucho diálogo. Ya siendo él obispo de Chiclayo tuve la ocasión de estar cerca de él y compartir reflexiones cuando visitaba Perú por algunos temas candentes que había en esos momentos. Por tanto la relación ha sido bastante intensa muy cercana siempre fraterna. Para mí, el volver a reencontrarme con el padre Prevost, que así lo llamábamos, ahora Papa León XIV, ha sido una gozada. Así lo puedo decir.

¿De qué hablaron? Usted ya ha comentado que hablaron de las asambleas. ¿Han hablado también de Guadalupe?

Yo, principalmente, iba a nivel personal, no iba nivel de Provincia Eclesiástica. Por tanto, los temas que tratamos, principalmente, hacían referencia a nuestra archidiócesis de Mérida-Badajoz. Y aquí, como no, hablamos del tema de las asambleas, le dedicamos un buen rato, él muy contento de esa iniciativa y me animó a seguirla, de otra forma, tal vez, pero a seguir con ese tipo de encuentros. Hablamos del tema de las vocaciones y aquí también el Santo Padre me pidió que sigua impulsando mucho las vocaciones al sacerdocio, que nada impide para que haya que impulsar también las vocaciones a la vida consagrada y las vocaciones a la vida matrimonial, a la vida familiar cristiana. No hay oposición entre estas tres clases o tipos de vocación, son complementarias y las tres necesarias en la iglesia. Después también hablamos del tema de los sacerdotes, cómo estaban los sacerdotes, y hablamos de casos muy concretos donde él también me dio su reflexión y me ofreció puntos que iluminan mi camino como pastor de esta iglesia diocesana. Por supuesto, también hablamos de la provincia eclesiástica. Le conté las buenísimas relaciones que existen entre nosotros, entre los tres obispos: el de Coria-Cáceres, Plasencia y el de Mérida-Badajoz. Porque así es, somos tres personalidades bastante distintas, pero entre las cuales reina una comunión total y una verdadera fraternidad.

Ahí también salió el tema de Guadalupe. No podía faltar y bueno, pues ahí estamos. Yo no aventuro ninguna solución porque no sé si la tiene de inmediato, pero vamos a seguir dando pasos como el que ya dimos el año pasado, siempre en comunión mía con los demás obispos de la provincia eclesiástica y en diálogo fraterno con el arzobispo de Toledo. Hablamos de ello y creo que es un tema sobre el que hay que seguir reflexionando para encontrar una solución que respete muchas cosas. La historia nos dice que eso forma parte del arzobispado de Toledo, pero también tenemos que ver la realidad: estamos en Extremadura y la Virgen de Guadalupe es patrona de Extremadura. Esto tiene que quedar claro en el futuro del acompañamiento de la pastoral en el santuario de Guadalupe.

La imposición del palio es algo que se hace con los arzobispos que llegan a la sede en el último año. Es un signo de comunión con el Papa. ¿Cómo vivió ese momento?

Con mucha emoción porque hay unas coincidencias que yo digo providenciales. El día 29 de junio se cumplieron 48 años de mi ordenación sacerdotal. Por tanto, un momento muy importante en mi vida, fundamental yo diría. Se cumplió también un año, exacto, en que yo empecé mi servicio como arzobispo titular de Mérida-Badajoz. Por eso yo no lo había podido recibir antes, porque yo era coadjutor hasta ese momento. Y claro, eso coincide con una audiencia privada del Santo Padre y la imposición del Palio. Para mí tiene un significado particular. Alguien me preguntó, ¿estabas tranquilo o estabas emocionado? Yo le dije la verdad. Empecé el día muy tranquilo, muy tranquilo, pero cuando llegó el momento, me acordé de mi provincia eclesiástica, por tanto también de las diócesis de Coria-Cáceres y Plasencia. Me acordé muchísimo de mi diócesis, a la que amo profundamente, de mis sacerdotes a los que abracé espiritualmente y de los seminaristas, de los religiosos y religiosas, de los consagrados. Fueron momentos muy intensos, breves si cabe, pero muy intensos. Y después que el Santo Padre haya sido quien me haya impuesto el palio, para mí tiene un significado particular, porque el palio, recordémoslo una vez más, es signo de comunión, ante todo con la Iglesia presidida por el sucesor de Pedro, el Papa, en este caso, León XIV, pero también de comunión con las iglesias sufragáneas y de comunión con los sacerdotes, fieles laicos y consagrados de mi diócesis. Lo viví muy intensamente y con mucha alegría. Y dicen que se me notaba. Hay cosas que no se pueden ocultar. Por supuesto, es que no se pueden ni se deben. Es decir, yo tengo que reconocer que soy una persona muy emotiva y para mí hay momentos muy particulares en que las lágrimas saltan. Y yo no me avergüenzo de ello. Yo siempre digo que prefiero un corazón que llore a un corazón de piedra, que no se inmuta ante ningún acontecimiento. Si Jesús lloró, se conmovió, ¿por qué un cristiano, un religioso, como en mi caso, franciscano, un sacerdote y un obispo no va a llorar? No es vergüenza. Pues ese día lloré, me saltaron las lágrimas y estoy muy contento de ello.

Poco a poco nos hemos metido en el mes de julio. ¿Cuándo se marcha a descansar?

En julio estaré en la diócesis, faltaré dos días o tres porque voy a confirmar a una sobrinita y quiero hacerme presente en ese encuentro eclesial y familiar a la vez. Después vuelvo y estaré todo el mes de julio aquí en la diócesis. El mes de agosto voy a descansar haciendo otras cosas. Primero haré los ejercicios espirituales, que este año no he podido hacer todavía. Pensaba hacerlos la semana en que murió el papa Francisco, pero en ese momento preferí no faltar a esa cita con un amigo y con un pastor, que era el papa Francisco para mí. Y después de los ejercicios estaré unos días en casa de mi hermana. Participaré luego en una semana de actualización bíblica, lo hago todos los años y este año también lo quiero hacer, y terminaré con otra semana en casa de mi familia, de modo que hacia finales de agosto esté de vuelta en la archidiócesis.

Pues que lo disfrute y nos vemos a vuelta de vacaciones.

Yo también deseo a todos, sobre todo a mis diocesanos, que disfruten del verano. Aquí en Badajoz las temperaturas son muy altas, si tienen oportunidad de salir a lugares más frescos, los animo a que lo hagan, si no tienen posibilidad, siéntanme muy cercano y descansemos todos un poquito porque el curso que viene nos esperan también tareas importantes, sobre todo en cuanto a la elaboración del proyecto de pastoral para el próximo trienio. A todos les deseo un feliz verano y la bendición del Señor. Paz y bien.

Juan José Montes González

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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