Será beatificado junto a otros cuatro compañeros mártires

El pasado 27 de enero conocíamos que el Papa ha autorizado la promulgación del decreto que reconoce el martirio de cinco frailes menores, asesinados en 1597 en Georgia, en Norteamérica.
Fray Antonio de Badajoz era un religioso laico de la Provincia Alcantarina de los Frailes Menores de San Gabriel. Nació en La Albuera. Tenía 38 años cuando fue martirizado y llevaba 10 años en las misiones, por lo que conocía el idioma de los nativos, por eso era intérprete de fray Miguel (también martirizado) y el principal catequista en la Misión de Santa Catalina.
En el dibujo, su hábito franciscano se ve viejo y con parches en algunos lugares. Al igual que fray Blas, fray Antonio pertenecía a la orden estricta Alcantarina, por lo que siempre andaba descalzo. Antonio se cortaba su cabello como san Francisco (rasurado en la parte de arriba). En el dibujo se muestra a fray Antonio con un rosario se puede ver entre sus dedos.
En el grupo de los cinco mártires franciscanos de Georgia encontramos también a otro extremeño fray Blas Rodríguez, de Cuacos. Los demás también eran españoles: Pedro de Corpa, Miguel de Añón y Francisco de Veráscola.

Todos ellos fueron enviados en misión a Norteamérica, movidos por un auténtico espíritu de amor a Cristo y de servicio a la Iglesia. Pedro de Corpa llegó a Georgia en 1587, al pueblo de Tolomato donde se había fundado la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, con la tribu indígena de los guales. Esta tribu tenía por costumbre tomar varias esposas a la vez y los religiosos administraban el bautismo sólo a los adultos que se comprometían a contraer matrimonio monógamo. Los indígenas conversos se atenían normalmente a la doctrina moral de acuerdo con la enseñanza evangélica, pero el joven Juanillo, sobrino del jefe del pueblo y destinado a sucederle, aunque bautizado estaba decidido a tomar otra esposa. Pedro le llamó, recordándole el compromiso que había contraído en su bautismo, pero éste se abalanzó sobre él, matándole de un hachazo. Era septiembre de 1597. Poco después, Juanillo y algunos de sus seguidores indígenas atacaron con saña a los sacerdotes profesos Blas Rodríguez de Cuacos, Francisco de Veráscola, vasco, y Miguel de Añón, de Zaragoza, quien, antes de ser masacrado junto con su colaborador e intérprete Antonio de Badajoz, consiguió celebrar misa, perdonando a sus asesinos. El jefe de la tribu de la isla de Santa Catalina advertió a fraile pacense del peligro inminente, pero no aceptó, prefiriendo permanecer en la misión con Fr. Miguel de Añón. Su martirio fue causado por la aversión de los nativos a la predicación de la doctrina del matrimonio cristiano. Los cinco siervos de Dios, entre otras cosas, eran conscientes de los riesgos y peligros asociados a su apostolado también en relación con su seguridad. Poco después de su muerte, la fama de su martirio se extendió arraigándose en el territorio.
