Cedido por la Fundación Amparo del Moral
Pasará a formar parte del Museo catedralicio cuando finalicen las obras de restauración
El 31 de octubre se presentó en la Catedral de Badajoz el cuadro “San Jerónimo penitente”, de El Greco, que ha quedado expuesto en la Capilla de Santa Ana del templo catedralicio y que puede visitarse de martes a sábado de 11:00 a 13:00 h. y de 17:00 a 19:00 horas.
Al acto asistió Mons.Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz, Juan Román, director del Museo de la Catedral, José María Fernández Daza de Alvear, secretario de la Fundación Amparo del Moral, Demetrio Fernández, deán en funciones de la Catedral. Además, asistieron autoridades militares y civiles, como el alcalde de Badajoz, Francisco Javier Fragoso.
El lienzo es propiedad de la Fundación Amparo del Moral, que lo ha cedido en depósito al Arzobispado de Mérida-Badajoz para su exposición en el Museo de la Catedral Metropolitana de Badajoz, donde quedará expuesto una vez que finalicen las obras.
En su intervención, Juan Román afirmó que «este San Jerónimo penitente es una obra singular», agradeció a la Fundación Amparo del Moral su cesión y afirmó que este cuadro es el primer paso del nuevo Museo de la Catedral, donde, tras la rehabilitación de este espacio, quedará expuesto en diálogo con cuadros del «Divino Morales», lo que será «un gran atractivo para que la gente descubra la Catedral». Juan Román agradeció a Mons. Santiago García Aracil, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, José Mª Gil, sacerdote diocesano y secretario general de la CEE, al conde de Coria, y a los ya fallecido, D. Sebastián González y D. Francisco Tejada Vizuete, por sus gestiones y el papel fundamental que han jugado para que esta obra pueda verse en la Catedral de Badajoz.
Por su parte, José María Fernández Daza de Alvear, secretario de la Fundación Amparo del Moral, se mostró satisfecho por poder «apreciar la calidad de esta obra en un magnífico lugar». Dicho cuadro estaba en la sede de la Fundación y ahora se ha cedido «para que sea valorada por los extremeños» y «enriquezca el patrimonio de la región».
A continuación, se desarrolló la conferencia de Matías Díaz Padrón, conservador senior del Museo del Prado, quien había realizado un estudio pormenorizado de esta pieza y afirmó que se trata de «una de las obras más completas en detalles» de las 5 que El Greco hizo de san Jerónimo penitente y que cuenta con la firma del autor, que no aparece en las otras versiones.
El Arzobispo de Mérida-Badajoz, durante su intervención que clausuró el acto, se mostró «encantado de tener este cuadro aquí», agradeció su colaboración y cesión a la Fundación Amparo del Moral. Además, se refirió a la figura de san Jerónimo, como el santo penitente por antonomasia, junto al extremeño san Pedro de Alcántara.

Descripción de la obra
El cuadro pertenece a un corpus de obras de idéntica iconografía y composición, que
representa a San Jerónimo, con el torso desnudo, en la actitud de penitente, en medio de un paisaje en donde tan solo se destaca una roca y el cielo.
Todas estas versiones provienen de un modelo único y presentan unas dimensiones parecidas. Las versiones conservadas en la National Gallery of Scotland (105 x 90 cm) y en la Real Academia de San Fernando (104 x 89 cm) son las de mejor calidad. La del Museo del Prado (91 x 90 cm) sería dependiente de la segunda y el lienzo de la Hispanic Society de Nueva York (80 x 65 cm) es claramente de inferior calidad.
La repetición del Museo del Prado está cortada en la parte baja. La depositada en la catedral de Badajoz, de dimensiones más reducidas (76,5 x 57 cm), es la completa y lleva a la derecha un papel con la firma del pintor.

La escena de San Jerónimo (325-420) está inspirada en el Hieronymianus de Giovani d´Andrea (Basilea 1516) y en la leyenda dorada de Santiago de la Vorágine. Estos nos transmiten la experiencia del santo como ermitaño en el desierto de Calcis (Siria) y las tensiones del alma en la soledad.
El pintor presenta la escena pero mostrando la continencia y la meditación de San Jerónimo, que resiste los rigores del tiempo y la abstinencia, contemplando la imagen de Cristo muerto en la cruz que aprieta en su mano izquierda, mientras con la derecha sostiene una piedra.

El fondo negro reproduce la gruta que le sirve de habitáculo. Una roca sirve de mesa al santo y sobre ella el reloj de arena y la calavera, símbolos inconfundibles de la brevedad de la vida y de la muerte. Entre ambos elementos la firma en un papel y el tintero que, junto con el libro monumental, explicitan su profunda erudición. El capelo cardenalicio está colgado y viste la túnica roja bajo la hiedra en lo alto: imagen perenne de la inmortalidad y la fe por aferrarse a la tierra.

