Regresa en condición de emérito

El misionero diocesano José María Galán Becerra ha regresado de manera definitiva a nuestra Diócesis, cuando acaba de cumplir sus Bodas de Oro Sacerdotales, tras haber pasado prácticamente toda su vida ministerial, 49 años, como misionero en Costa Rica y Puerto Rico. De allí regresa ahora con las manos llenas de una labor larga y ardua desarrollada en tierras hispanoamericanas
José María Galán Becerra es natural de Hornachos. Nació el 30 de septiembre de 1941. Desde pequeño sintió a Jesucristo como algo especial en su vida e ingresó en el Seminario Diocesano de San Atón, donde cursó los primeros años en el Seminario Menor y la Filosofía, en el Mayor. Los estudios teológicos los realizó en Madrid en el Seminario Hispanoamericano, hoy desaparecido. A lo largo de este tiempo, principalmente en Teología, siente la vocación específica misionera. Recibió la ordenación sacerdotal en la Diócesis el 27 de junio de 1965, rigiendo la Diócesis Monseñor Doroteo Fernández y Fernández.
Sus primeros pasos apostólicos los desarrolló por breve tiempo en Higuera de Llerena..
Unidos a otros cinco compañeros sacerdotes diocesanos fueron enviados, a través de la OCSHA, en 1967 a Costa Rica, previa petición del obispo Monseñor Arrieta, como discípulos-misioneros y testigos del Evangelio. José María Galán arriesgó y apostó por Jesús y su sueño: “Id por todo el mundo a anunciar el Evangelio”.
Tras varios años en Costa Rica donde trabajó pastoralmente en las parroquias de Nandayure, Miramar y Nicoya y fue director del Colegio Apostólico Agropecuario. Después de un año en Miami, a petición del Obispo de la Diócesis de Ponce, se trasladó a Puerto Rico, donde ha trabajado en las parroquias de Coamo, Villalba y en el Corazón de Jesús, en la ciudad de Ponce, donde hasta ahora se encontraba, y donde se ha entregado en formar Comunidades Neocatecumenales. José María también fue capellán de la Pontificia Universidad Católica de la misma ciudad. Su vocación misionera le ha producido grandes alegrías: como el poder compartir su vida con otros hermanos de diferente cultura.
José María se ha sentido muy feliz tanto en Costa Rica como en Puerto Rico y la Misión ha llenado el sentido de su vida y le ha ayudado a sentirse realizado como persona y como cristiano.
Desde la Delegación episcopal para la Cooperación Misionera se muestran «contentos y alegres» por su vuelta y acogen a José María en su vuelta a la Diócesis «a la que siempre ha pertenecido». Además, le desean una «buena estancia junto a tus hermanos, hermanas, sobrinos y familia», en su recién estrenada etapa como sacerdote emérito.

