Dentro del IV Domingo de Adviento, en la festividad de Ntra. Sra. de la Esperanza, el pasado 18 de diciembre, la novicia Sor María de las Llagas de Jesucristo Gonzales Medrano, osc hizo la Profesión de Votos Temporales, en el Monasterio de Ntra. Sra. de las Mercedes, Clarisas Descalzas de Badajoz.
Con el Introitus: Ave Maris stella, los sacerdotes salieron en procesión desde la sacristía al altar, para la celebración de la Santa Misa, y dentro de la misma el Rito de la Profesión Religiosa.
La iglesia estaba bellamente adornada para esta efeméride y un gran número de fieles participaron de esta solemne celebración que presidió el P. Fray Joaquín Pelayo Galán, ofm, Guardián del Monasterio de Lucena (Córdoba), y concelebrando siete sacerdotes: D. Cristino Portalo Tena, D. Pedro Losada Domínguez, D. Antonio Luis Martínez Núñez, D. Francisco Barroso Silva, y D. Pedro Mª. Rodríguez Gallego, D. Francisco José Trabadela Gómez, Capellán del Monasterio y D. Arturo Ureña Suarez, Edmp. Superior General de los Esclavos de María y de los Pobres, junto con el Hermano Ángel, que acolitó.
Actuó espléndidamente la Capilla Gregoriana del Calvario de Mérida.
Después de la escucha de la Palabra de Dios, dio comienzo el rito de la Profesión Religiosa donde la novicia arrodillada pidió el ser admita para hacer la Profesión de Votos Temporales en la Orden de Santa Clara.
Una vez terminada la homilía, llegó, para la hermana novicia el momento más solemne. Sor Mª. de las Llagas de Jesucristo, puesta de rodillas y con las manos entre las de la Rvda. Madre Abadesa, Sor Mª. Esperanza de Jesús de la Espina Menacho López, osc, pronunció (muy emocionada) ante la Iglesia, sus Votos temporales, para vivir por tres años en castidad, sin propio, en obediencia y en clausura. Quedó así desposada con Cristo, que la eligió para Sí. Actuando dos hermanas de testigos.
Se le entregaron las siguiente insignias: El velo negro, signo de virgen consagrada, la entrega de la Regla de Santa Clara, un Crucifico, la medalla de la Inmaculada, Madre de Dios y Patrona de la Orden Franciscana y por último la corona de flores, como esposa de Cristo.
Una vez terminado el rito de la profesión se prosiguió con la celebración de la Santa Misa, en la que, llegado el momento del Offertorium, mientras el coro nos elevó con el Ave María, la neo profesa ofreció el Pan, sus padrinos, el vino, y los hijos de estos, un ramo de flores. Con la Salve Regina, se concluyó esta ceremonia tan sumamente sublime y expresiva en sus signos.
Terminada la celebración eucarística, se tuvo un sencillo ágape fraterno en el locutorio del monasterio, para expresar la alegría de esta nueva hermana.
Que el amor de Cristo, siempre la sostenga y pedimos al Señor, que sea así para siempre.
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