El 24 de junio de 1989 el Obispo de Badajoz, don Antonio Montero Moreno convocaba un sínodo diocesano con una carta pastoral leída en la homilía del Pontifical celebrado en la Catedral.

Después de árduos trabajos, en los que tomaban parte miles de personas de toda la diócesis, el 5 de junio de 1992 tenía lugar la sesión de clausura en el templo parroquial de Santa Eulalia, en Mérida.
Este sábado la Archidiócesis de Mérida-Badajoz recuerda el importante evento con dos actos: una conferencia del que fuera Secretario General del Sínodo, don Amadeo Rodríguez Magro, hoy Obispo de Jaén, y una eucaristía presidida por don Celso Morga en la Basílica de Santa Eulalia, lugar donde se clausuró el Sínodo.
Don Amadeo Rodríguez Magro siempre ha destacado que la iniciativa de celebrar un Sínodo en Badajoz viene personalmente del entonces Obispo, don Antonio Montero.
La estructura del Sínodo comprendió tres etapas: una de exploración y consulta, una segunda de reflexión y diálogo y la última de debate y decisión.
Las dos primeras etapas tuvieron carácter preparatorio de los materiales que serían sometidos a debate y votación y la tercera y decisoria, la que constituyó el Sínodo propiamente dicho.
En la memoria de todos los participantes quedan acciones como las asambleas zonales, el Sínodo de los niños o las multitudinarias vigilias en la plaza de toros de Almendralejo.
En relación con el Sínodo, don Celso Morga recuerda que en el tiempo que lleva entre nosotros ha oído a sacerdotes y laicos recordar con gozo ese tiempo de gracia especial del que Dios se sirvió para renovar la Archidiócesis a la luz del Concilio Vaticano II.
Don Celso reconoce el esfuerzo de toda la diócesis, y apunta al gran trabajo realizado por don Antonio Montero. Aunque fue una tarea de muchos, miles de personas movilizadas y muy ilusionadas, al frente estaba don Antonio, al que debemos agradecer sus desvelos y su guía. A don Celso le consta, por muchos testimonios, que don Antonio se involucró al máximo en esta tarea.
Logros del Sínodo
Muchas fueron las aportaciones del Sínodo a la diócesis. Entre ellas podemos destacar las siguientes:
– La creación de este semanario “Iglesia en camino”, que es desde 1993 un instrumento de información, formación y comunión en nuestra Archidiócesis.
– El Proyecto Vida, uno de los grandes buques-insignia de Cáritas para reinserción de toxicómanos.
– La Catequesis de adultos que sirvió para formar y actualizar la formación de miles de adultos en todas nuestras parroquias.
– La institución preceptiva de los Consejos parroquiales de pastoral, la creación del Consejo diocesano de pastoral y los consejos arciprestales.
– El Fondo diocesano de solidaridad, que sufraga proyectos que benefician a los más necesitados dentro y fuera de nuestras fronteras. Se nutre con el 1% del presupuesto ordinario de gastos de las instituciones de Iglesia.
– El Centro diocesano de orientación familiar, que aunque vio la luz a finales de marzo de 2014, fue una petición del Sínodo.
– Distintas delegaciones para diversos campos pastorales.
– El Plan Diocesano de Animación Vocacional (PDAV).
– La Escuela diocesana de Teología, luego Instituto Superior de Ciencias Religiosas así como el Centro superior de Estudios Teológicos, ambos afiliados a la Universidad Pontifica de Salamanca.
– Tuvo una influencia decisiva en los distintos planes pastorales diocesanos e incidió de manera decisiva en la urgencia para activar los planes pastorales en cada parroquia.
– La Asamblea diocesana, celebrada en el décimo aniversario del Sínodo.


