Celebración presidida por el obispo de Ávila, José Mª Gil Tamayo

El pasado sábado 1 de junio la iglesia del convento de La Santa en Ávila se vestía de fiesta para la ordenación sacerdotal del carmelita hno. Pablo Mª Rubio, de 56 años y natural de Badajoz. El obispo de Ávila, D. José María Gil Tamayo, presidió la celebración de la que será su primera ordenación sacerdotal y además de un paisano suyo.

El nuevo presbítero estuvo acompañado por el Prior de los Carmelitas Descalzas de Badajoz. P. Pedro Urdiales, y por las Carmelitas Descalzas de Badajoz, Talavera la Real y Fuente de Cantos, que asistían a un Curso de Formación de Acompañamiento y Discernimiento en la Universidad de la Mística CITES.
La primera misa fue el domingo 2 de junio, día de la Ascensión, en la iglesia del convento de San José de Avila..
Fr. Pablo hizo en septiembre su profesión Solemne en Madrid-Triana junto con fr. Andrew. Fue ordenado diácono por el Cardenal Arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, en el Desierto de la Palmas el pasado mes de enero y ahora recibe la Ordenación sacerdotal. Durante todo este curso ha compartido la vida con la comunidad de Ávila mientras hacía sus estudios en el CITES.
Según se cuenta en la web de la Diócesis de Ávila, su historia es digna de mención. Pablo perdió totalmente la fe durante su adolescencia. «Me crié en la época de la Transición, donde se nos decía que teníamos que ser rebeldes, incorformistas. Y me alejé de la fe». Sin embargo, algo le rondaba en su interior, aunque no supiera exactamente de qué se trataba. «Yo entraba en las iglesias, porque me gustaba contemplar el arte, los retablos. Y veía a la gente rezando. Me daban mucha envidia, pero no entendía por qué». Era consciente de que había algo que le faltaba. Intentó llenar ese vacío buscando respuestas en los libros, estudió filosofía … «Hasta que, como san Pablo, me caí del caballo. Y después de muchos años descubrí esa llamada que el Señor me hacía para consagrarme a Él».
Pablo trabajaba como auxiliar administrativo en la Universidad de Extremadura, cuando a los 48 años inició su camino vocacional. Su devoción a la Virgen del Carmen lo llevó a consagrarse como carmelita. Y, poco a poco, con esfuerzo y dedicación, ha llegado hasta este momento en el que recibe el Sacramento del Orden.
De todo ello, saca sin dudarlo una conclusión muy clara: «Que el Señor sigue llamando. No importa cuándo, en qué momento. Sólo tenemos que estar dispuestos a escucharle con atención».

