Jornada Mundial de la Vida Consagrada
El día de la Presentación del Señor se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, este año bajo el lema “La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido”
El objetivo de esta jornada es ayudar a toda la Iglesia a valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca y dedicar su vida a Él.
Los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada dedican esta jornada a estas personas que, en medio de innumerables desafíos, al borde del camino o en el rincón más inhóspito de una barriada cualquiera, se convierten en ayuda para las heridas del mundo.
En Iglesia en camino nos hemos preguntado cómo están viviendo los consagrados este tiempo de pandemia. Ellos también ayudan con una mirada especial a personas que experimentan nuevas formas de injusticia, aflicción y desesperanza: los afectados por la COVID-19, la gente que cuidan habitualmente y aquellos con los que se relacionan.
Centros de mayores
Los consagrados han adaptado su vida y su entrega a la nueva situación de pandemia. El Padre Arturo Ureña, superior general de los Esclavos de María y de los Pobres, que cuenta con una residencia de mayores en Calamonte, afirma que están viviendo “la era COVID” con esperanza por dos razones. “Por un lado -dice-, profundizamos en nuestra vocación, en nuestro carisma, en lo más radical del carisma, que es la entrega a Dios en pobreza, castidad y obediencia y, por otro lado, la entrega a Dios a través de los pobres. Ahora los pobres son nuestra familia porque ni nosotros podemos salir a visitar a nuestros familiares por la pandemia, ni los familiares de los residentes que tenemos en nuestras casas puden venir a visitarlos”.
Entre personas con capacidades especiales
La Casa de la Providencia, en Ribera del Fresno, es una obra del instituto secular Hogar de Nazaret. Allí han vivido una situación muy delicada en la segunda ola la pandemia: muchas trabajadoras y casi todas las residente enfermaron y 7 fallecieron. La responsable, Paqui Carmona, destaca que “cuando te llega esta experiencia ves a Dios cerca, tienes que pedirle que te dé fuerzas y que lo veas en medio de las dificultades, en medio del dolor, del sufrimiento”.
Paqui reconoce que esta pandemia ha provocado mucho sufrimiento, pero eso les ha servido “para unirnos más a Él y vivir los consejos evangélicos de obediencia, castidad y pobreza. Ves realmente que el Señor te lleva por esos caminos… A mí me ha servido para unirme mucho más al Señor, para ver que Él nunca nos abandona, que siempre nos lleva de la mano, incluso en momentos en que nosotros no lo percibimos”.
La vida consagrada también ha recibido mucho en este tiempo. Paqui está viendo con gratitud “cómo la gente se vuelca en ayudarnos, en estar ahí en estos momentos tan difíciles”.
En la educación
Un sector que ha vivido muchas incertidumbres y continúa viviéndolas todavía, es la educación.
Belén González Linaza es una joven religiosa, hermana del Ángel de la Guarda, que da clases en el colegio Santo Ángel de Badajoz. Afirma que ante lo que están viviendo le salen tres palabras: acompañar, cuidar y esperanza. “Acompañar porque es algo fundamental de nuestro carisma. Los ángeles, a fin de cuentas, son acompañantes en nuestro camino hacia Dios y en este tiempo de pandemia nos ha surgido esa llamada a acompañar a la gente que teníamos a nuestro alrededor, a la gente que estaba más sola, a los que padecían la enfermedad y a nuestros jóvenes. Cuidar, la segunda palabra, hace referencia a cuidarnos a nosotros y cuidar a la sociedad. A los alumnos les decimos que ahora tienen la oportunidad de cambiar el mundo. Lo pueden hacer con el cuidado hacia los demás: ponerse la mascarilla, mantener la distancia, lavarse las manos… Por último tenemos la esperanza. Este tiempo despierta en nosotros mucha inquietud, ansia, inseguridad, tristeza, angustia, agobio y miedo. Son sensaciones que nos pueden paralizar, bloquear y todo eso no lleva a Dios. Nosotras intentamos que con nuestra vida, con nuestra consagración a Dios también seamos capaces de sembrar esperanza: Dios nos puede ayudar a sacar lo mejor de este tiempo, a mirar con otra mirada, a crecer y a utilizar todo para el bien de los demás. Tenemos que vivir este tiempo con confianza en Dios”.
Mérida-Badajoz tiene 70 comunidades de vida consagrada activa, más otras 13 de vida contemplativa, que han tenido que ingeniárselas para no abandonar a toda esa gente que acompañan en la enfermedad, la ancianidad, la educación o la marginación. En este tiempo se han seguido preguntado qué quiere Dios de ellas, pero sobre todo cómo hacer lo que Dios quiere de ellas en medio de un nuevo tablero de juego que nos ha cambiado la vida a todos.
Juan José Montes


