Vivir la vida como vocación

La vocación, entendida como llamada de Dios a una forma de vida, ya sea en el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio, centró el Encuentro Diocesano celebrado este sábado en el recinto ferial de Zafra con la participación de jóvenes y adultos, sacerdotes, laicos y consagrados.

La oración que abría la jornada, incluía reflexión y adoración, con la exposición del Santísimo, un rato largo y profundo de oración que dejaba claro que el Señor es quien llama y a Él es a quien tenemos que acudir y escuchar para discernir lo que quiere de nosotros.

La 1ª ponencia, muy amena y dinámica, corría a cargo del hermano de Lasalle Jorge Sierra, que desde el principio dejaba claro que vamos caminando hacia una nueva cultura vocacional, y desgranaba algunas de las características de la sociedad en la que nos movemos que nos aboca hacia esa nueva cultura: volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. Sobre esta premisa se preguntaba si en este mundo cabe hablar de vocación. A ello intentaba dar respuesta afirmando que hay una imagen muy deformada de la vida consagrada, que existe una notable falta de compromiso y de sentido, por lo que no podemos seguir haciendo lo mismo de siempre, y recetaba como antídoto “que nos conozcan”.  

¿Qué es la cultura vocacional?

Para construir una cultura vocacional abogaba por construir un modelo de persona diferente y, dado que los jóvenes valoran a la familia por encima de todo, animó a hacer de la familia el lugar privilegiado para la construcción de la vocación. Al mismo tiempo pedía confiar en la iniciativa de Dios, en el corazón generoso de los jóvenes y en nuestra propia capacidad para adaptarnos al tiempo que nos ha tocado vivir. Para descubrir el camino que Dios ha preparado para cada uno, Jorge Sierra señalaba que “debemos ayudarnos mutuamente” y citaba algunos verbos que tienen que ve con la cultura vocacional: ayudar, acompañar, educar, proponer, estar, suscitar y ofrecer, entre otros.

El ponente afirmaba que la cultura vocacional se expande por contagio porque “muchas personas no leerán otro evangelio que el de tu vida”.

16 grupos

Tras la ponencia, se llevaba a cabo un trabajo en grupo, 16 grupos en total, cuyas aportaciones se presentaban posteriormente. Sobre cómo trabajar por las vocaciones, los participantes hablaron de testimonio personal, formación, convocar encuentros vocacionales por edades, trabajo con las familias, charlas informativas, crear grupos de oración…

La 2ª ponencia corría a cargo del sacerdote operario José Benito Gallego, otra ponencia presentada con un estilo muy ameno, en la que el autor fijó su mirada en el Congreso de Vocaciones celebrado por la Iglesia en España en Madrid en febrero del año pasado con el lema «¿Para quién soy?, que contaba con una amplia participación de nuestra archidiócesis.

En esa ponencia, analizaba lo que nos dejó ese congreso y los pasos a seguir dando, partiendo de que toda vida es vocación. José Benito recordaba que Dios sigue llamando, que llama por amor, habló de la identidad personal como vocación y presentó el servicio pastoral de la vocación.

Primera vocación

Don José Rodríguez Carballo, que se sumó a la jornada tras presidir el sepelio del sacerdote diocesano don Miguel Ponce, afirmaba que “debemos trabajar por la primera vocación, que es la pertenencia a la Iglesia”.

Don José recordó que “alguien, justamente, al menos de mi opinión, dijo que no vivíamos una época de cambios, sino que estábamos viviendo un cambio de época. Y de esto tenemos que darnos cuenta”. El Arzobispo abogó por escuchar más a los jóvenes para poder acompañarlos. Antes de preguntarnos para quién soy, don José afirmaba que teníamos que preguntarnos “otras tres preguntas que en un proceso vocacional, y hablo proceso vocacional amplio, no deberían faltar. Y la primera es ¿quién soy yo? porque si no nos hacemos esa pregunta, ¿sobre qué vamos a construir nuestra vida?”

La segunda pregunta que hacía el Arzobispo era ¿con quién quiero compartir mi vida? “Y ahí ya se van vislumbrando vocaciones dentro de la vocación, vocaciones concretas en la vida de la Iglesia. Y la tercera pregunta es ¿qué quiere Dios de mí? “porque no olvidemos que estamos hablando de vocación y esa no la doy yo, no la da el animador de pastoral vocacional de la diócesis. La da Dios. Dios es el gran protagonista de mi vida como vocación. Naturalmente no se puede separar el primer protagonista del segundo protagonista que soy yo”.

Don José afirmaba que “tenemos que apostar por los jóvenes, creer en los jóvenes. Hoy se habla mucho de la generación cristal. Son tan débiles, tan débiles, tan débiles que no se pueden tocar porque se rompen inmediatamente. Probablemente la generación cristal somos tú y yo, pero hay muchos jóvenes valientes, lo que hay es que proponerles también metas altas, que vuelen”. El Arzobispo hizo una petición: “Tenemos que reforzar en la diócesis el trabajo con las familias. Por eso agradezco mucho que estén aquí los delegados de familia acompañándonos”.

Tras la comida tenía lugar un musical-festival vocacional con la intervención de varios grupos, que daba paso al envío. A las 19,30 h. don José presidía la Eucaristía en la parroquia de San Miguel de Zafra.

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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