El Movimiento Rural Cristiano publica una reflexión ante la oleada de incendios

Desde la Archidiócesis se piden oraciones por los afectados y se agradece la actuación contra el fuego

El fuego rodea una pequeña localidad del norte de la provincia de Cáceres, en uno de los incendios declarado estos días.

Estos días, tristemente, están siendo noticia los numerosos fuegos que están asolando miles de hectáreas en toda España y también en Extremadura. Ante esta situación, desde nuestra archidiócesis se ruega a los sacerdotes que en las eucaristías y demás celebraciones que se tengan estos días se pida por los pueblos afectados por el fuego, particularmente en nuestra tierra extremeña, y se dé las gracias por las instituciones y personas que están luchando contra el fuego.              

Por otro lado, el Movimiento Rural Cristiano ha hecho pública una reflexión ante los incendios que están afectando a la España Vaciada. En ella se denuncia el abandono histórico de la España rural, que ha sufrido incendios devastadores que no solo han destruido paisajes, sino también hogares y la memoria de generaciones. Además, apuntan que lo quemado representa mucho más que naturaleza o turismo: se trata de la España que no forma «parte de los planes de los grandes partidos políticos» y que se encuentra en la «dejadez administrativa», «sin inversiones continuadas y elevadas», «que añora vías de comunicación y servicios mínimos dignos».

A pesar del dolor, la reflexión concluye con un mensaje de esperanza: «las cenizas nos darán la fuerza para renacer y rehacernos».

“ESPAÑA ARDE”…   ¿QUÉ ESPAÑA ESTÁ ARDIENDO?

Hemos ardido, nos hemos quemado. Estamos ardiendo, nos seguimos quemando. Lo que se ha quemado es más que una bella postal para el recuerdo de unas buenas vacaciones. Hemos perdido tierras y bosques donde trabajaron, se afanaron y construyeron su vida generaciones de agricultores, ganaderos, productores del sector primario, el origen de nuestros alimentos. Lo que se ha quemado es más que una bella ruta turística con rincones que encogen el corazón con su hermosura. Hemos perdido casas donde se criaron nuestros padres, donde formamos nuestra familia, donde velamos a nuestros enfermos y planificamos un mañana que ahora se ha convertido en ceniza. Lo que se ha quemado es mucho más que un punto en el mapa, un nombre que durante dos días abrirá los informativos en el país. Es nuestra historia, esa que llevamos décadas perdiendo, porque la gente se fue a la ciudad, porque el pueblo no tenía un horizonte suficiente de desarrollo y bienestar, y las tierras y los campos y los bosques quedaron abandonados, vacíos, sin gente que los trabaje y los haga productivos como han sido siempre. 

Hemos ardido, nos hemos quemado, porque somos esa parte de España que arde en el abandono, en la dejadez administrativa, la parte de España cuyo peso específico en las urnas no es decisivo, la que no cuenta con planes de repoblación efectivos, la que grita pidiendo justicia y oportunidades y le responde el vacío más ensordecedor. Somos la parte de España destinada a ser tierra de sacrificio, donde se propone como medio de desarrollo la instalación de grandes proyectos que perpetúan el modelo extractivista y explotador: macrogranjas, que incluyen en su pack destructor las instalaciones de biogás; megaminas al aire libre, extensiones increíbles de fotovoltaicas. La parte de España que añora vías de comunicación y servicios mínimos dignos. 

Por eso ardemos, por eso nos hemos quemado: porque no contamos, no formamos parte de los planes de los grandes partidos políticos, que una vez más se han metido en el lodazal del ataque y el insulto, y siguen sin  afrontar un gran pacto de Estado que permita inversiones continuadas y elevadas en las tierras abandonadas de la España Vaciada, la que arde y se quema y se precipita al colapso más terrible; un pacto de Estado que revierta la situación de nuestra tierra hoy reducida a cenizas en tantas partes, en medio de la impotencia, la rabia y el dolor. 

Lo que se ha quemado es el pasado hecho tierra, casa, campo, camino. Y el futuro, hecho de proyectos, iniciativa, asentamiento de nuevos habitantes, acogida de inmigrantes, toma de conciencia….

Nos hemos quemado, hemos ardido. Pero las cenizas nos darán la fuerza para renacer y rehacernos, para levantarnos y levantar un mañana nuevo. Sí, un día, al levantar la vista, veremos un letrero que diga que lo nuestro fue la España vaciada y quemada, que resurgió de su drama y se reconstruyó.

Movimiento Rural Cristiano

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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