Queridos hermanos y hermanas: ¡El Señor os dé la paz!
Alzad la mirada, así inicia el himno para la visita del Santo Padre a España, del 6 al 12 de junio. Una invitación a jóvenes, adultos y ancianos. Una invitación que nace inspirada en una expresión evangélica de gran fuerza: “Alzad la mirada y contemplad los campos, que ya están dorados para la mies” (Jn 4, 35)
Es importante detenernos un momento sobre esta invitación de Jesús a sus discípulos. El texto forma parte de la
períoca de la samaritana. Un pueblo considerado por los judíos como un pueblo, cismático y perdido a causa de su idolatría –los maridos de la samaritana indican el culto que el pueblo samaritano había dado a los ídolos (en hebrero la palabra baal puede traducirse por “marido” o por “ídolo”)- y por haberse roto con el culto en el templo de Jerusalén. En ese contexto Jesús muestra a los discípulos que no todo está perdido, que hay que sembrar, pues el
Señor es el que hace crecer la semilla, invitándoles, por tanto, a la esperanza y a no quedarse en la superficie de las cosas.
Volviendo al lema y al himno que nos ocupa, “alzad la mirada” es mucho más que una simple invitación a levantar los ojos, el lema y el himno proponen una actitud espiritual. A las palabras “alzad la mirada”, siguen
otras que indican la dirección justa: mis ojos en Jesús. En un tiempo marcado por la incertidumbre, el cansancio y, a menudo, el desencanto, la canción recuerda que el cristiano no está hecho para vivir mirando únicamente al suelo, encerrado en sus problemas o en sus propios límites. “No estoy hecho para mirar al suelo, me creaste para mirar al
cielo”, afirma uno de sus versos. La canción indica una dirección precisa: “mis ojos en Jesús”. La mirada al cielo no es una evasión de la realidad, como se pudiera pensar. Al contrario, quien mira a Cristo descubre mejor el mundo y sus necesidades. Por eso el himno une la contemplación de Jesús crucificado con la preocupación de quienes buscan la paz, la libertad o un hogar. La fe no aleja de los sufrimientos humanos, los ilumina y mueve a la solidaridad. Que lo digan los “santos de la caridad”, como san Vicente de Paúl o el franciscano san Maximiliano Kolbe, polaco, que murió voluntariamente en el campo de concentración de Auschwiitz durante la Segunda Guerra Mundial, para salvar a un padre de familia, Franciszek Gajowniczek.
Alzad la mirada, mis ojos en Jesús, expresa una de las convicciones centrales de la vida cristiana: Cuando Cristo ocupa el centro, la existencia adquiere un horizonte nuevo. La cruz deja de ser un signo de derrota para convertirse en fuente de esperanza, y el creyente aprende a interpretar la historia a la luz de Dios. Y es que, como decía el papa Benedicto XVI, “cuando Cristo entra en la vida de una persona, no quita nada lo da todo”, da el sentido de la propia existencia y de la historia.
Además, el himno tiene una dimensión misionera. El texto de san Juan del que procede habla de “campos preparados para la siega”. Jesús invita a sus discípulos a descubrir una multitud de corazones esperando una palabra de verdad, de misericordia y de esperanza. “Alzad la mirada” es por tanto una invitación a salir de la indiferencia y reconocer las oportunidades que Dios sigue ofreciendo para anunciar el Evangelio.
En definitiva, este himno puede entenderse como una síntesis de tres grandes invitaciones: mirar a Cristo, mirar al mundo con esperanza y mirar con amor a los hermanos. Solo quien levanta los ojos hacia Dios puede aprender a caminar con serenidad por la tierra y convertirse en testigo de esperanza para los demás.
Hermanos y hermanas, particularmente vosotros, jóvenes: ALZAD LA MIRADA, nuestra mirada. Pongamos los ojos en Jesús. No nos dejemos arrastrar por el pesimismo, ni adoctrinar por los profetas de desventuras. Abramos nuestros corazones a la esperanza, pues nuestro tiempo es el tiempo de Dios. Vuestro hermano y pastor que os bendice en el Señor.
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz

