Alumnos del instituto de Monesterio recaudan fondos para la compra de microscopios para detectar la malaria en Perú

En la misión donde trabaja el sacerdote diocesano César Caro Puértolas

Alumnos y profesores promotores de la carrera durante su presentación en la emisora municipal de Monesterio. Foto: Rafael Molina.

El departamento de Matemáticas del Instituto de Educación Secundaria, Maestro Juan Calero, de Monesterio, ha donado un microscopio a los habitantes de la localidad de Islandia, en el distrito de Yavarí, de la amazonia peruana.  La iniciativa forma parte de las actividades que este centro educativo ha venido desarrollando durante las últimas semanas, y más concretamente, a través de la carrera solidaria con la que el alumnado cierra trimestre, antes de las vacaciones Navideñas.

  Jesús Rebollo, alumno de 2º de Bachillerato, explica que la venta de dorsales se ha destinado “a cooperar para detectar la enfermedad de la malaria entre la población del Amazonas”. Esta enfermedad, explica Rebollo, “si es detectada a tiempo”, es fácil de tratar con antibióticos, por ello, se hace necesaria la compra de este material tecnológico, que detecta la enfermedad en la sangre, en su fase inicial.

Agradecido

  César Luis Caro Puértolas, misionero extremeño en Perú, en las comunidades indígenas del río Yavarí, que ejerció su labor sacerdotal hace unos años en Monesterio, ha “agradecido” este gesto a “profesores y alumnos” del Juan Calero. Esta ayuda, explica Caro, resulta “imprescindible en la lucha contra la malaria”; pues, aunque en esta zona, frontera natural entre Perú y Brasil, sí se cuenta con los medicamentos necesarios para tratar la enfermedad, “no se posee la tecnología para su diagnóstico”. En este sentido, se hace “esencial” la compra de algunos microscopios que puedan ser utilizados por las comunidades que habitan en el río; donde in situ, y a través de estos aparatos, se puede diagnosticar la presencia de la malaria, y poner los remedios necesarios.

  Actualmente, la misión en la que trabaja este sacerdote extremeño, atiende a unas treinta comunidades. Se trata, manifiesta César Caro, de “un distrito muy alejado, con pocos medios en educación y sanidad, y muy mal comunicado”. Tanto es así, que quienes residen en esa zona, ni siquiera disponen de telefonía. Una zona “de extrema pobreza, donde las personas carecen de los medios básicos para vivir con dignidad, la presencia del Estado es muy débil y donde se vulneran a diario los derechos humanos”, concluye el misionero.

  Elena Caro, profesora de Educación física y hermana del misionero, ha expresado su “satisfacción”, por la “excelente acogida” de esta iniciativa, que ha contado con la colaboración de “muchos padres y empresas locales”, que se ha visto complementada con un mercadillo solidario de comercio justo, tanto durante los recreos, como durante la jornada de entrega de notas.

Rafael Molina

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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