A continuación, reproducimos íntegramente la carta que el arzobispo de Mérida-Badajoz, D. Celso Morga, escribe en la página 3 del nº 1.281 de “Iglesia en camino”.
Carta a los niños de primera comunión
Queridos niños y niñas de primera comunión de nuestra Archidiócesis de Mérida-Badajoz:
Estos días me estoy acordando particularmente de vosotros, que recibís, por vez primera, a Jesús sacramentado. Vuestros padres, sacerdotes y catequistas os han ido preparando para vivir bien ese momento tan importante y tan bonito de la primera comunión. Por primera vez, Jesús sacramentado vendrá a ti, te visitará personalmente. Te visitará Jesús todo entero. Recuerda que el fruto principal de la comunión es la unión íntima con Cristo Jesús. El Señor nos ha dicho con total claridad: “Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en Mí y Yo en él”. ¡Habitar con Jesús! ¡Vivir en Jesús! Como muy bien sabes por la catequesis, Jesús que murió en la cruz por amor a ti, resucitó para nunca más morir. Jesús está vivo y viene a ti. ¿Te acuerdas de aquel ángel que le dijo a María Magdalena: “¡Cristo ha resucitado!”? Pues lo mismo te dice ahora a ti. Tú, que ahora recibes a Cristo en la comunión, recibes la vida misma y la resurrección. Recibes a Jesús resucitado, que te ama tanto que murió en la Cruz por ti. Esta comunión te llevará a la vida sin fin del cielo y a la resurrección.
Mira, si tú un día no comes, pasas hambre, ¿verdad?; si no comieras durante varios días, te irías quedando muy delgado, muy delgada, y al final, si no comieras, morirías. Pues en la vida cristiana pasa lo mismo. La comunión con el Cuerpo de Cristo nos vivifica, nos da vida, conserva, acrecienta, renueva esa vida de Dios en Cristo y en el Espíritu Santo, que está dentro de nosotros desde el día de nuestro Bautismo. Además, la comunión aumenta nuestro amor a Jesús, nos aparta de todo aquello que nos aleja de Él, y que es pecado; nos hace más agradecidos y más unidos a nuestros padres, hermanos y abuelos; nos hace más comprensivos, más amables con nuestros amigos y amigas; nos hace más atentos y disponibles para las personas que están a nuestro alrededor y son pobres o sufren por cualquier causa. Hay muchas personas que necesitan de nuestra ayuda y cariño. Nos ayuda a ver la vida de otro color, a estudiar más y a divertirnos mejor; nos ayuda a cuidar de toda la creación, a ser optimistas y superar las dificultades que la vida nos trae.
Por último, mira, si comulgamos bien y frecuentemente en esta tierra estaremos siempre con Jesús en el cielo porque la comunión es una medicina para no morir y vivir con Jesús para siempre. Cuando tengas a Jesús dentro de ti, reza por tus padres, hermanos, hermanas, tus queridos abuelos; reza por tus sacerdotes, que son los que nos traen a Jesús a esta tierra y porque haya muchos sacerdotes buenos; reza por las catequistas y los catequistas, que te han preparado para la primera comunión; reza por todos los hombres y mujeres de este mundo y por tantas necesidades que hay. Nada te debe ser ajeno. Todo cabe en tu corazón, aunque todavía sea pequeño. Reza también por mí. Jesús te escucha. Escucha especialmente la oración de los niños y niñas y muy singularmente el día de vuestra primera comunión. Y pedidle a la Virgen María, nuestra Madre, que os acompañe en esos momentos y siempre que recibáis al Señor en la Eucaristía.
Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

