Artículo D. Celso.-Aborto

Artículo de D. Celso Morga en el nº 1.332 de la revista diocesana “Iglesia en camino” titulado “Aborto” y que reproducimos a continuación:

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Queridos fieles:

Os confieso que he recibido con dolor renovado la nueva propuesta de ley sobre el aborto en nuestro país. Entre otras cosas, esta ley permitirá abortar a partir de los 16 años, sin permiso de los padres y, por tanto –parece- que sin ni siquiera su conocimiento.
La nueva propuesta le ley presenta, además, el aborto como “un derecho”, dentro de lo que dan en llamar “derechos sexuales y reproductivos”; contempla el adoctrinamiento en los colegios sobre “estos derechos”; propone una lista para los médicos objetores de conciencia, limitando así ese derecho fundamental; elimina los tres días de reflexión, que estaban previstos en la anterior ley… y todo ello dentro de un “invierno demográfico” muy agudo.
Por mi ministerio sacerdotal sé que el aborto queda en la conciencia de los progenitores, muy en particular de la madre, como un peso imposible o muy difícil de cancelar. Queda y permanece por muchos años, incluso después de insistir en el perdón ya obtenido de Dios. Es la voz de la conciencia. La conciencia es un juicio de la razón humana por el que toda persona aplica a un acto concreto suyo la ley inmutable, eterna y universal que nos ordena “hacer el bien y evitar el mal”. La conciencia es el primer “vicario” de Dios, como decía el cardenal san J.H. Newman. Es la voz que nos examina y nos abre la puerta a la esperanza y la misericordia porque “Dios es mayor que nuestra conciencia” (1Jn 3,19) y nos ama infinitamente.
Ello no quiere decir que el aborto sea solamente una cuestión religiosa, para los que creen en Dios. Esa voz es universal, está en todos y no es fruto de la cultura, aunque el juicio moral de la conciencia pueda ser menos seguro en muchos casos y la decisión difícil a causa de la ignorancia, de la educación recibida, del ambiente social etc.
La Iglesia, que defiende y defenderá la sacralidad de la vida humana desde el inicio, no es insensible sino al revés, muy consciente y sensible al drama personal y familiar que se cierne sobre los progenitores, muy en particular sobre la mujer, cuando dar a luz la criatura que lleva en su seno aparece ante sus ojos como un peso insoportable de sobrellevar por causas objetivas y subjetivas muy graves. ¡Hay que apoyar con leyes y cuidado familiar y social a esas futuras madres! Ciertamente es una cuestión muy difícil y compleja pero la solución no puede ser el aborto y mucho menos su liberalización cada vez más y más pronunciada.
Entiendo que debe ser una situación extremadamente difícil y compleja aquella en la que os encontráis muchas mujeres, cuando no os veis capaces de llevar adelante vuestro embarazo. Os invito a que os dejéis acompañar e iluminar antes de tomar una decisión definitiva. Desde luego, sabed que contáis con el apoyo y la oración de la Iglesia.
Desde la Iglesia queremos apostar por una “cultura de la vida”. Como dice el Papa Francisco, “la vida debe defenderse siempre: la de los no nacidos, así como la de los ancianos y los enfermos y la de quienes corren el riesgo de morir de hambre o en el trabajo o en los barcos de emigrantes”.
Os animo a cultivar esta cultura de la vida y del cuidado. Le pedimos a la Virgen de Guadalupe que nos ayude a todos en esta tierra extremeña a acoger la vida como un don de Dios.

Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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