Artículo de D. Celso Morga en el nº 1.316 de la revista diocesana “Iglesia en camino” y que reproducimos a continuación:
Queridos fieles:
Coincidiendo con la solemnidad de San José celebramos el Día del Seminario, que este año lleva como lema: “Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino”.
Los sacerdotes y los aspirantes al sacerdocio constituyen una de mis máximas preocupaciones. Ya lo dije cuando comencé mi ministerio episcopal entre vosotros y me reafirmo cada día en la idea, en la acción y en la oración por este fin.
La promoción de las vocaciones al sacerdocio es una tarea de toda la Iglesia: de mí, por la responsabilidad que tengo; de los sacerdotes, que son especialmente conscientes de la necesidad de pastores que sirvan a la evangelización de nuestros pueblos; y de los laicos, porque es en las familias cristianas, Iglesia doméstica, donde nacen los futuros sacerdotes y reciben la primera catequesis con la palabra y el ejemplo.
Esta jornada es una ocasión para tener especialmente presente al Seminario, pero no desaprovechemos el resto del año, no nos cansemos de pedir al Señor que nos envíe obreros a la viña porque como decía el papa Francisco en su homilía en la Casa Santa Marta, el 16 de noviembre de 2013, “Dios es débil sólo ante la oración de su pueblo. Por lo tanto, la oración es la verdadera fuerza del hombre: nunca debemos cansarnos de llamar a la puerta del corazón de Dios, de pedir ayuda, porque cuando a Dios se le llama para defender a su pueblo, es implacable”.
Junto a la oración, la vida. Cuando Dios está verdaderamente presente en la vida de las familias, los niños y los jóvenes perciben que el timón está bien sujeto y que los vientos, las turbulencias y las tempestades pasan sin que la barca se hunda, aunque a veces zigzaguee.
Que en vuestras familias permanezca abierta la opción al sacerdocio o la vida consagrada. No combatáis la llamada en nombre de un futuro desahogado económicamente o brillante laboralmente. Nada hay más importante que la felicidad de vuestros hijos, y nadie es capaz de darla mejor que el Señor a través de la vocación que nos plantea. Es más, no os limitéis a no poner trabas, planteadles que la entrega a Dios es una opción fascinante que puede llenar de plenitud la vida.
Que vuestras familias sean imagen de la Sagrada Familia, que aceptó el designio de Dios sin comprenderlo, y acogió al Dios mismo en ese gran misterio que es la Encarnación.
Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

