Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz destinó más de 3,4 millones en 2025 para acompañar a más de 9.000 personas en situación de pobreza o exclusión social

■ Las personas mayores de 65 años y las personas migrantes en situación irregular los colectivos
con mayor crecimiento.
■ El empleo no protege: más de un 21% de las personas atendidas en los programas
diocesanos tienen trabajo.
■ La soledad y la fragilidad emocional, una realidad creciente entre las personas en
exclusión.

Coincidiendo con la festividad del Corpus Christi, Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz ha presentado hoy su Memoria 2025. En la rueda de prensa han intervenido Francisco Maya, vicario general de la Archidiócesis y delegado episcopal de Cáritas; y el director de la entidad, José Manuel Rodríguez Muñoz, para dar cuenta de la acción social desarrollada a lo largo del año.

Durante 2025, Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz acompañó a 4.184 personas invirtiendo 3.459.730,62 euros, lo que permitió que 9.167 personas se beneficiaran de la acción social de la Iglesia en la archidiócesis, a través de los programas y proyectos diocesanos y de las 127 Cáritas Parroquiales presentes en el territorio. De las personas atendidas, casi una de cada tres llegó a Cáritas por primera vez.

En 2025, 916 personas dejaron de necesitar la ayuda de Cáritas porque mejoraron su situación, pero los datos reflejan que para muchas otras personas la realidad sigue siendo muy difícil: dificultades para acceder a una vivienda, pensiones que no cubren las necesidades básicas o barreras administrativas que dejan a muchas personas migrantes sin acceso a derechos básicos.

«Cada persona que mejora su situación es fruto de lo que hacemos juntos», expresó Francisco Maya. «Los números nos orientan, pero lo que transforma vidas es el amor y el compromiso de las más de 1.300 personas voluntarias que están presentes en cada barrio y en cada pueblo».

Los datos recogidos en la memoria de este año continúan hablando de una feminización de la pobreza: el 65% de las personas atendidas son mujeres, en su mayoría de nacionalidad española y con edades comprendidas entre los 45 y los 64 años. Los cuidados familiares siguen recayendo mayoritariamente en ellas, lo que explica que acudan con más frecuencia a los servicios de acogida de Cáritas.

Desde Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz se advierte, además, de un empeoramiento en dos colectivos concretos, ya que el número de personas mayores de 65 años atendidas creció un 18,6% respecto al año anterior, reflejo del envejecimiento demográfico y de pensiones que en algunos casos no cubren las necesidades básicas. Y casi el 40% de las personas extranjeras atendidas se encuentran en situación administrativa irregular, seis puntos más que el año anterior, lo que las deja sin acceso a ayudas y prestaciones públicas.

«Estamos llamados a ser comunidades que sigan siendo espacios de acogida, cercanía y compromiso activo», indicó José Manuel Rodríguez Muñoz.

Junto a estas realidades, Cáritas detecta otra que está igual de presente en las acogidas: la soledad y la fragilidad emocional. Un número significativo de personas que acuden a las Cáritas Parroquiales carecen de una red de apoyo social sólida. No se trata solo de la ausencia de vínculos; es una experiencia que llega cargada de ansiedad, tristeza, baja autoestima y una profunda sensación de desorientación vital. El FOESSA de Extremadura así lo recogía: los problemas asociados al aislamiento social crecen notablemente en los hogares en exclusión, y más de ocho de cada diez personas con problemas de salud mental se encuentran en situación de integración precaria o exclusión social.

La vivienda y el empleo, los principales frenos para salir de la exclusión

El acceso a una vivienda digna sigue siendo el mayor obstáculo al que se enfrentan las personas que acompaña Cáritas, algo que ya se reflejaba en el Informe FOESSA de Extremadura como principal factor de exclusión en la región.

En este contexto, el Programa de Vivienda de Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz pasó de acompañar a 49 personas en 2024 a 123 el pasado año. Los datos recogidos muestran que cuanto más integral es el acompañamiento y más normalizado es el entorno de la intervención, mayores posibilidades reales de que la persona logre alquilar una vivienda y sostenga una vida digna y autónoma.

«La vivienda continúa siendo una de las principales puertas de entrada a la exclusión. Cuando una familia no puede pagar el alquiler, todo lo demás se tambalea», señaló Rodríguez Muñoz.

En cuanto al empleo, el programa acompañó a 496 personas (60% mujeres), de las cuales 81 lograron incorporarse al mercado laboral (106 inserciones), 43 de ellas con contratos indefinidos. Sin embargo, tener trabajo no siempre es suficiente: más del 21% de las personas atendidas en los centros y programas diocesanos tienen empleo y siguen necesitando el apoyo de Cáritas.

Elige amar. Elige comunidad.

Con el lema «Elige amar. Elige comunidad.», Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz apuesta por una fraternidad que no se queda en las palabras: se construye con gestos concretos, en cada barrio y en cada pueblo, de la mano de las 1.351 personas voluntarias presentes en toda la archidiócesis y con el respaldo de las 4.471 socias y donantes que han apoyado la acción social en sus comunidades con sus aportaciones, así como las 530 personas socias y 1.151 donantes que han respaldado directamente el trabajo de Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz. .

«Tras los muchos números que recoge esta Memoria, hay rostros concretos de personas que son sacramento de Cristo para nosotros. Lo que hagáis con uno de estos hermanos más pequeños, conmigo lo hacéis», recordó Francisco Maya.