El Delegado de Misiones, Gabriel Cruz, ha visitado a los misioneros en Perú

Durante 21 días ha compartido con ellos su intensa labor pastoral

4El Delegado episcopal para la Cooperación Misionera, Gabriel Cruz Chamizo, ha aprovechado los días de descanso estival para visitar a los misioneros diocesanos y religiosas Formacionistas que se encuentran en Perú. A su vuelta nos ha contado lo vivido durante tres semanas de periplo por las distintas parroquias donde nuestros misioneros llevan la palabra de Dios.

 

«Del 24 de julio al 15 de agosto los he pasado en Perú visitando a nuestros hermanos: Fernando Cintas, Manolo Vélez,  Antonio Sáenz, Juan Andrés Calderón y César Caro, que junto con nuestras hermanas Isabel, Glafira, Rosa, Judí, Rocío y Caty, Hijas de la Virgen para la Formación Cristiana, forman el grupo de nuestra Iglesia de Mérida-Badajoz que están como misioneros y misioneras en el país andino desde hace más de treinta años.

Con ellos he visitado sus parroquias y sus distintas comunidades comenzando por las que sirve Manolo Vélez, Llanacora, donde pasé un par de días. Allí estaba Coro, la veterana misionera que emplea sus vacaciones para servir y colaborar en varios proyectos qu e lleva en la Diócesis de Chachapoyas desde hace más de una década. En esta ocasión se encontraban en Cajamarca con las hermanas Hijas de María Madre de la Iglesia (cuya fundadora fue la cacereña la Beata Matilde), que llevan una gran obra en Baños del Inca, Cajamarca. También visitamos  la Comunidad de Shaullo Grande para ver las obras de la iglesia que esa comunidad está construyendo gracias a la ayuda del Fondo de Solidaridad Diocesano.

6De allí pasamos a Celendín para estar con Antonio Sáenz y celebrar con él las Fiestas Patria y las Fiestas Patronales. Allí coincidí, ellos ya de vuelta del itinerario que yo empezaba, con nuestros amigos de la Diócesis el sacerdote José Rubio, Sonia, Gema, Isabel y Carmen que, como en otras ocasiones, inquietos y preocupados por la misión Ad Gente, han vuelto para pasar un mes con los sacerdotes y religiosas de nuestra Diócesis, colaborando con ellos en todo lo que conlleva la Misión.  

A los dos días Antonio nos llevó a orillas del Marañón, línea divisoria entre la jurisdicción de Celendín y Leymebamba, ambas parroquias de diócesis distintas (Cajamarca y Chachapoyas), y donde nos recogió Juan Andrés y David, el ángel de la guarda del padre, que venían de celebrar en Chacantos. Sacamos las viandas y celebramos el encuentro gozoso comiendo debajo de un mango, que nos supo a gloria. Terminada la comida, Antonio se volvió a Celendín y nosotros nos marchamos a Leymebamba, pasando por el Calla Calla, al que nunca me acostumbro, aunque tengo que decir que es espectacular todo el camino. Al fin llegamos sanos y salvos a  Leymebamba. Aquí y en los alrededores nos pasamos unos días compartiendo Misa y mesa en Palmira, Dos de Mayo y Montevideo.

2Nos marchamos a Chachapoyas para visitar al Sr. Obispo D. Emiliano y a Caty. Allí esperamos a César, que venía de visitar las comunidades más lejanas de su parroquia y que se había pasado ocho días con muchas horas de carro, mulas y a pie para poder visitarlos a todos. Ese mismo día, después de comer con Caty, nos marchamos a Rodríguez de Mendoza.

Allí pasé unos días con César, conviviendo y visitando algunas de las comunidades más cercanas: Omia y Los Olivos, donde la titular es la Virgen de Gracia, donada por la comunidad de Oliva de la Frontera; es una excelente talla (hecha por nuestro amigo José M. Gamero Gil) que ellos la veneran con mucha devoción y fe, donde celebramos misas por difuntos recientes con sus correspondientes suculentas cenas celebrativas.

El domingo a las siete en la radio, en un programa que tiene los domingos César. Después, camino de Huambo para desayunar con las hermanas y celebrar la Eucaristía con la comunidad parroquial. ¡Qué gusto celebrar  en esa comunidad! Vuelta a Mendoza para celebrar la Misa parroquial. Después de la comida fuimos a dormir al convento de nuestras hermanas en Chacha. Allí nos alojó Caty y compartimos cena y comida del día siguiente con Caty, Juan Andrés, Coro, David, César y un servidor. Después de los postres, brindis y fotos, dejamos a César, que intervenía en la Formación Permanente del Clero de Chacha, que daba comienzo al otro día y nosotros  vinimos a Leymebamba. 

Cuando se cumplió el tiempo me llevaron a Chacantos, no sin antes pasar por el Calla Calla, donde nos esperaba otra vez Antonio Sáenz.

3Nos fuimos a una casa y abrimos las mochilas y sacamos la tortilla de patatas, filetes de pollos empanados, que nos había preparado Coro, y algunas latas que teníamos de reserva y comenzamos el festín. Terminado el banquete, Antonio, Lázaro, su compañero y yo nos volvimos a Celendín, como estaba previsto para pasar unos días con Antonio, que resultaron para mí muy interesantes tanto por nuestras largas charlas como la despedía en Aguadulce con aquella comunidad encantadora a muchos metros de altitud y acceso endiablado.

El día doce me llevó a Cajamarca, saludamos al Obispo y Antonio me despidió en el aeropuerto rumbo a Lima.

En Lima me marché con las hermanas Isabel, Glafira, Judi y Rocio y nuestra Coro, que había llegado esa mañana con Juan Andrés, quien aprovechó para resolver algunos asuntos en Lima. Allí estuvimos unos días conviviendo y celebrando acontecimientos y nos juntamos con Fernando Cintas, el decano de los Misioneros de Perú con más de tres décadas de permanencia en tierras peruanas, que se encuentra en Mala, a pocos kilómetros de Lima, en la costa del Pacífico. Comimos ese día con las hermanas que abrieron su mesa, como siempre, a los nueve comensales que éramos ese día.

El día 15 tomé el avión con destino a España aterrizando en la T4 del Aeropuerto Madrid-Barajas a las 14.30 h.

Amigos y amigas, han sido muchos los acontecimientos y experiencias vividas en esos 21 días que he compartido y vivido entre vosotros, ciertamente estoy recordado con nostalgia y cariño mi paso por Lima, Cajamarca, Celendín, Leymebamba, Chachapoyas, Rodríguez de Mendoza y las respectivas parroquias y comunidades con las que he convivido y en las que he celebrado la Eucaristía y otras celebraciones. En ellas era obligado, porque ellos lo exigían, manifestarle el saludo, el  recuerdo y el cariño de los padres que pasaron por la Misión: Ángel Maya, Antonio León, Isidro Luengo, José A. Ardila, (P. Josely), Diego Isidoro y Federico Gragera, (P. Fede), sin olvidar a Leonardo, que pasó un tiempo con Josely en Sorochuco. Ante este saludo mencionando a los sacerdotes, ellos respondían con un cerrado aplauso.

Por todo esto y otras muchas razones similares, tengo que decir que, una vez más, mi paso por esas tierras, como en otras ocasiones, ha supuesto una experiencia espiritual fuerte e importante en mi vida. Si Dios quiere no será la última vez que vuelva a estar entre vosotras y vosotros.

Soy consciente que son muchas cosas importantes las que me quedo por contar y decir, por eso, parangonando a un personaje de Campoamor, solo me queda decir que “Cuantas cosas os diría si yo supiera escribir”.»

 

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Arzobispado de Mérida-Badajoz
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