El 2 de febrero celebramos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

“Testigos de la esperanza y la alegría” es el lema de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada que se celebra el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el templo.

Un día para mirar “a la vida consagrada y a cada uno de sus miembros como un don de Dios a la Iglesia y a la humanidad. Juntos damos gracias a Dios por las Órdenes e Institutos religiosos dedicados a la contemplación o a las obras de apostolado, por las Sociedades de vida apostólica, por los Institutos seculares, por el Orden de las vírgenes, por las Nuevas Formas de vida consagrada y por otros grupos de consagrados, como también por todos aquellos que, en el secreto de su corazón, se entregan a Dios con una especial consagración”, recuerda el presidente de esta Comisión, Mons. Vicente Jiménez Zamora.

Según el Delegado Episcopal para la Vida consagrada, Feliciano Leal Cáceres, en nuestra Archidiócesis hay 104 comunidades pertenecientes a 56 presencias de vida apostólica consagrada: religiosos, religiosas, institutos de vida consagrada, institutos seculares y sociedades de vida apostólica, a las que pertenecen 645 personas. Están dedicados a la educación, la pastoral parroquial, de la salud, pastoral rural y social, residencia de mayores o la oración, en el caso de las monjas de vida contemplativa, que celebrarán su propia Jornada el 11 de junio (Solemnidad de la Santísima Trinidad), el conocido día Pro Orantibus.

Feliciano Leal destaca que la vida consagrada “es una verdadera riqueza para la Iglesia, se nota su presencia en las comunidades en las que están, aunque a veces no valoramos su presencia. Cuando veo el abanico de servicios que los consagrados prestan en nuestra diócesis, me quedo verdaderamente sorprendido, pero más que por la tarea, por su vida, por su ser. Los que tengamos en nuestra comunidades alguna presencia de vida consagrada, que la valoremos, que los queramos, que recemos mucho por ellos y que les ayudemos”.

Sor Juana es Hija de la Caridad. Trabaja desde hace varios años en Badajoz, donde ha realizado varias labores: “Si alguien se está cuestionando su vocación de dedicación plena al Señor, que lo siga reflexionando, que dé un paso firme porque merece la pena”, nos dice.

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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