Con motivo del comienzo del curso pastoral 2026‑2027, el Arzobispo de Mérida‑Badajoz, D. José Rodríguez Carballo, ha dirigido a sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos una carta pastoral titulada “Unidos en la esperanza, guiados por el Espíritu”, en la que invita a toda la comunidad diocesana a afrontar el nuevo año con fe, unidad y renovado impulso evangelizador.
El documento se abre con una profunda gratitud hacia todos los miembros de la Archidiócesis, a quienes el Arzobispo llama “piedras vivas” de esta Iglesia particular. Agradece especialmente la labor de catequistas, ministros, agentes de pastoral y consagrados, así como la oración silenciosa de las comunidades contemplativas, a las que define como “sostenedoras de los miembros débiles de la Iglesia”. Desde el inicio, subraya la importancia de caminar juntos: que el Señor “nos ayude a caminar unidos en la esperanza, guiados por el Espíritu”
Remar mar adentro
En la segunda parte, Rodríguez Carballo invita a “remar mar adentro” ante el nuevo curso, recordando las palabras de Jesús: “No temáis, soy yo” y “En tu nombre echaré las redes”. Reconoce las dificultades pastorales, el cansancio y la desmotivación que pueden surgir, pero anima a no quedar “prisioneros del pasado” y a abrirse a los caminos nuevos que Dios ofrece: “Mirad que hago algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?”. Con fuerza exhorta: “¡Manos a la obra! No cedas a la tentación de darte por vencida”, recordando que la misión evangelizadora es tarea de todos y que el Señor camina con su pueblo incluso en tiempos de incertidumbre.
Plan Pastoral Diocesano
La carta dedica un bloque central al Plan Pastoral Diocesano para el trienio 2026‑2029, fruto del camino sinodal de la Archidiócesis. Para este curso, el objetivo principal es el encuentro con Cristo, fundamento de toda acción evangelizadora. El Arzobispo advierte que sin esa relación viva “la pastoral se queda en pura técnica o estrategia” y recuerda que “nada hay más hermoso que haber sido alcanzados por el Evangelio”. Invita a cuidar la oración, la escucha de la Palabra, la vida sacramental y la dimensión misionera. El documento profundiza en la identidad del bautizado como discípulo y misionero: “El cristiano es misionero en la medida en que se encuentra con Cristo”. La misión no es un añadido, sino la consecuencia natural del encuentro con Jesús. Por ello, el Arzobispo señala como prioridades para este curso: el primer anuncio, núcleo de la evangelización, y la iniciación cristiana, con especial atención a la catequesis de adultos y a la formación de catequistas.
Asimismo, dedica un apartado a la importancia del domingo como día del Señor y lugar privilegiado del encuentro comunitario con Cristo, animando a cuidar la celebración eucarística y la acogida. La carta concluye con una oración a la Virgen María, “Estrella de la evangelización”, pidiendo que acompañe el camino pastoral de la Archidiócesis y sostenga la misión de todos sus miembros.

