Los días 27 y 28 de octubre se celebraron las jornadas de Formación Permanente del Clero.
Este año, la formación permanente tuvo como tema la propia formación permanente del clero: cómo viven los sacerdotes las distintas etapas y circunstancias del ministerio, cómo les gustaría vivirlas y qué pueden hacer o qué ayudas necesitan para afrontarlas mejor. Estas tres preguntas —cómo están, cómo les gustaría estar y qué pueden hacer— sirvieron como hilo conductor de las jornadas.
El trabajo tuvo en cuenta, por una parte, las distintas etapas de la vida sacerdotal y algunas circunstancias particulares que pueden darse a lo largo del ministerio y, por otra, las cuatro dimensiones de la formación permanente: humana, espiritual, intelectual y pastoral.
Fueron dos días de reflexión, trabajo en grupo, oración y convivencia, en los que se intentó partir de la experiencia concreta de los sacerdotes para pensar juntos cómo seguir cuidando y mejorando su formación permanente.








