Entusiasmo y preocupación

Ya estamos en el nuevo año. Seguro que en el 2026 hemos depositado muchas esperanzas. Entre ellas el deseo de la tan deseada paz para las naciones que viven en guerra o para las familias que viven desunidas. En medio de todos estos deseos nos hemos despertado hace tan solo unos días con la noticia de la captura de Maduro y su esposa. Una captura que llena de entusiasmo a muchos de los venezolanos exiliados y obligados a vivir fuera de su país.

Una captura que entristece y preocupa a muchos que dentro y fuera de Venezuela vivían y tal vez siguen viviendo gracias a la dictadura. Una captura que nos preocupa a muchos, pues no se sabe qué futuro les espera a los venezolanos, tanto los que están dentro como los que viven fuera de las fronteras de su país.

En cuanto Iglesia que peregrina en Mérida-Badajoz estamos particular- mente unidos a los sacerdotes de origen venezolano que prestan sus servicios pastorales en ella: D. Kevin, párroco en Valverde de Leganés, D. Carlos, vicario parroquial en la parroquia de San José de Mérida, D. Gabriel, vicario parroquial de Olivenza, y D. Beiker, que está pasando un año sabático en Jerez de los Caballeros. En nuestra oración también tenemos muy presentes a la Congregación de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía (Venezuela) que tienen una Residencia de Ancianos en Valdebótoa (Badajoz), así como a todos los venezolanos que residen en nuestra Archidiócesis y cuyo número no está tipificado.

Como creyentes participamos del entusiasmo que genera la captura del dictador venezolano y al mismo tiempo de la preocupación que las declaraciones de Trump han levantado. Pedimos para que la paz “desarmada y desarmante, humilde y perseverante” (León XIV), fundada no el miedo, sino en el amor, la justicia y el diálogo, reine en Venezuela y en el mundo entero. Mientras con nuestra voz débil, pues somos bien conscientes del peso poco significativo que tenemos como Iglesia y menos aún como Iglesia particular de una Archidiócesis de periferia como es la nuestra-, pero fuerte por el poder del Evangelio, condenamos toda clase de dictadura, al mismo tiempo que nos sorprende la tolerancia que se muestra con otras dictaduras como las que se sufren en otros países de América Latina, como puede ser Cuba o Nicaragua. Nos sorprende también la tolerancia con los cárteles de la droga en países como México y Colombia, que tantas vidas están llevándose.

Nos preocupa el delirio  expansionista y nacionalista del que hace alarde el regidor de EE.UU. más propio de otros tiempos que del siglo XXI, así como la pasividad de muchas naciones europeas en la defensa de los derechos humanos en Venezuela, en otros lugares de América Latina y en otros continentes.

Que Nicolás Maduro robó las  elecciones del 28 de julio de 2024; que haya sido un dictador en toda regla que ha expulsado a millones de compatriotas por el mero hecho de no pensar como él ni aceptar su autocracia; que su gobierno ha desencadenado una crisis humanitaria cuya secuela más visible son los más de 8.000.000 de exiliados; que su gobierno esté vinculado al narcotráfico del Cártel de los Soles…, todo esto es más que sabido, aunque muchos se callen por intereses personales.

Es justo que Maduro sea juzgado por narcotráfico, pero es triste que no se hable de las violaciones de los derechos humanos que llevó a cabo. No se puede justificar el ataque en suelo venezolano. Ni la carta fundacional de las Naciones Unidas,  ni  los  tratados internacionales dan cobertura a la operación. Pero ¡qué triste es que la economía siga gobernando y no sirva! ¡Qué tarde llegan las condenas de la comunidad internacional, tanto de la dictadura de Maduro como de la invasión del territorio venezolano, como la que ahora une a España con Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay Mientras no se respete el derecho internacional y no se ponga en el  centro de la política a las personas, creadas a imagen y semejanza de Dios, y, en este caso, mientras no se mire al bien integral del pueblo venezolano, no podremos hablar de justicia y por tanto de paz en ese querido país ¡Quiera Dios que Venezuela no se convierta en un mero campo de batalla interno y que asumamos el reto de pensar más allá de intereses económicos como el petróleo o el dinero que éste puede generar y fomentar a través de él!

Desde el Evangelio rechazamos toda  violencia interna y externa, y a la vez que oramos por la convivencia y la paz que comienza en el individuo y se ex- tiende a las relaciones interpersonales, la familia y la comunidad, nos comprometemos a ser “motores de reconciliación”. Al mismo tiempo, cada uno según sus posibilidades, queremos comprometer- nos a ser instrumentos de paz, fomentando la fraternidad, y a transformar los conflictos desde el corazón, inspirándose en la mansedumbre y la humildad de un niño, y promoviendo la no violencia activa como un camino de vida basado en el amor y la justicia. Tengamos la audacia de desarmar y actuar con empatía y respeto para construir un futuro de paz, comenzando por nuestras familias.

Hoy más que nunca, el mundo necesita: un corazón abierto a Dios y al hombre; reconocer el mal del pecado y liberarse de las estructuras de pecado que oprimen a la sociedad actual; que sus gobernantes reaviven la conciencia de la urgencia de la paz en las naciones, entre los pueblos y en nuestras familias; de jóvenes que no solo invoquen la paz, sino que la materialicen en un estilo de vida que rechace toda forma de violencia y se comprometa activamente a transformar el mal en bien; de hombres y mujeres de buena voluntad constructores de puentes con el diálogo, con el encuentro.

Señor: A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre o la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza. Os bendice y abraza vuestro pastor y hermano.

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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