Queridos hermanos y hermanas: ¡El Señor os dé la paz! La 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que celebramos este domingo, marca una vez más el inicio del curso pastoral, como desgraciadamente marca la actualidad de España por todo lo que aconteció en Ceuta.
La pastoral de migraciones y de los refugiados no conoce descanso, pues las necesidades de esas personas parece que en lugar de disminuir van en aumento.
El tema de la Jornada de este año es: “Incluso uno de estos pequeños” y está inspirado en el Evangelio de Mateo 18, 5, donde Jesús nos recuerda que “el que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí”.
Mientras los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres; mientras crece la desigualdad en cuanto a posibilidades entre unos y otros; mientras a los niños de unos le sobra todo, a otros le falta lo más esencial como puede ser la comida, el vestido y la educación. Y algo verdaderamente trágico: estos niños o menores de edad muchas veces son separados de afecto familiar. Y en esta sociedad del bienestar son muchos los niños cuya infancia está marcada por la pobreza, el desplazamiento forzado o simplemente la búsqueda de un futuro mejor. Y más allá de declaraciones que muchas veces se quedan en letra muerta, la realidad, la triste realidad, es que “cada año, millones de niños y adolescentes, se ven obligados a abandonar su tierra a causa de guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y otras tragedias, y, lamentablemente, su número sigue aumentando (León XIV).
Esta Jornada nos invita a detenernos y mirar con los “ojos” del corazón y escuchar los gritos desgarradores de quienes, especialmente los menores de edad, quedan al margen de esta sociedad del consumo y del bienestar. Detengámonos, hagamos una pausa en nuestro camino, para ver tantos rostros frágiles, escuchar historias silenciosas, vidas que buscan un lugar para descansar, y curar heridas profundas, con el bálsamo de la acogida y del abrazo, sabiendo que en ellos acogemos y abrazamos al mismo Jesús: “… lo que hicisteis a uno de estos a mí me lo hicisteis”. Acoger, cuidar de uno de estos -“Aunque sea uno solo”- , es, según el Evangelio, un encuentro con el mismo Cristo ( cf. Mt 25, 5)
Hagamos del drama de la migración y del que viven los refugiados, un signo de esperanza. Todo dependerá de nuestra mirada y nuestra solidaridad con ellos. No hagamos como el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano, sino detengámonos, miremos, abrámonos a la compasión, y en la medida de nuestras posibilidades, “curémoslos”.
Pero todo ello será posible si convertimos nuestra mirada, y despertamos en nosotros lo más humano que seguramente todos llevamos en el corazón. “Incluso uno solo”, el lema de la Jornada de este año, debería hacernos caer en la cuenta de que el valor de una vida humana no depende del número ni de la utilidad, debería hacernos caer en la cuenta de que no hay vidas descartables. Luchemos para que el migrante y refugiado deje de ser un número más, pues solo entonces dejará de ser una categoría y una cifra. Solo entonces que esa niña o niño podrían ser nuestros hijos o un miembro de mi familia. Solo entonces la conciencia se queda sin excusas (Cf León XIV en Canarias).
Hermanos y hermanas: No nos convirtamos en cómplices de dinámicas que normalizan la exclusión, ya sea por origen, situación legal o condición legal. Este lema, “Aunque sea uno solo”, es una denuncia silenciosa pero firme contra la normalización de la exclusión, y a nosotros, discípulos de Jesús, cuestiona nuestra identidad. Que la Iglesia que peregrina en Mérida-Badajoz sea casa y familia para los más pequeños. “Todo migrante, también menores, posee una dignidad intrínseca que no puede ser ignorada ni relativizada” (Obispos de la subcomisión de migraciones), y menos aún utilizada. Vuestro pastor y hermano.
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz

