En el marco del Tiempo de la Creación, que se inició el pasado 1 de septiembre con la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, nuestra archidiócesis de Mérida-Badajoz vivió una intensa y profunda jornada de encuentro, oración y conversión ecológica.
Fieles procedentes de las parroquias de Guadajira, Nuestra Señora de Guadalupe y Nuestra Señora de Gracia de Badajoz, Puebla de la Calzada, Montijo, Zafra, Alburquerque y La Codosera, así como del Colegio Nuestra Señora de la Luz, del Equipo de la Delegación de Migraciones y del Movimiento de Profesionales Cristianos de Acción Católica, se dieron cita en el singular entorno de La Codosera, respondiendo con entusiasmo a una convocatoria que unió la contemplación de la naturaleza con la celebración de la Eucaristía
La jornada comenzó un tiempo de oración en la frondosa aliseda situada en las piscinas naturales de La Codosera. Bajo la sombra de estos emblemáticos árboles, los asistentes reflexionaron sobre el simbolismo del aliso, un árbol cuyas raíces permanecen sumergidas en aguas limpias y en movimiento, evocando el «Agua Viva» que transforma lo desértico según las visiones del profeta Ezequiel. Esta ecología del aliso sirvió para recordar a los participantes su sed más profunda de Dios, así como la interdependencia y vulnerabilidad de todos los seres creados, llamados a trabajar juntos para renovar la creación.
Posteriormente, el encuentro se trasladó al Santuario de Chandavila, donde se celebró la Santa Misa. En la monición de entrada, se invitó a la asamblea a contemplar el mundo creado como un don y a comprometerse en su custodia en comunión con todas las criaturas, uniendo la oración de la Iglesia a la alabanza del universo entero.
La Jornada estuvo presidida por nuestro Arzobispo, quien en su homilía profundizó en la espiritualidad de San Francisco de Asís como el fundamento indiscutible de la Ecología Integral. Don José recordó que la conversión ecológica no es una moda, sino una exigencia de nuestra fe que nos impulsa a vivir en armonía y a cuidar la obra de las manos del Creador.
A lo largo de todo el día, se respiró un palpable clima de fraternidad, contemplación, oración y compromiso entre los peregrinos. Al concluir la celebración, se animó vivamente a todos los participantes a mantener una activa participación en el encuentro con Dios durante este primer curso del Plan Pastoral Diocesano. Con el corazón renovado, la comunidad diocesana regresó a sus lugares de origen con el firme propósito de ser guardianes fieles de la Creación, atentos especialmente a las personas más vulnerables de nuestra Casa Común.






