La II Peregrinación Diocesana a Chandavila contó con la participación de centenares de fieles de toda la Archidiócesis

Centenares de fieles participaron en la II Peregrinación diocesana al Santuario de Chandavila, celebrada este sábado. Desde las 9 de la mañana fueron llegando los peregrinos, procedentes de todos los rincones de la Archidiócesis. Muchos de ellos era la primera vez que visitaban este santuario diocesano dedicado a la Virgen de los Dolores. A las 10 comenzaban los actos organizados con el rezo de los Siete Dolores de la Virgen, a través de la Vía Sacra, en español, portugués, francés e inglés.

A la llegada de la procesión a la explanada del Santuario, se impartía el sacramento del perdón en la propia explanada y en la capilla de la Reconciliación por parte de varios sacerdotes hasta la hora del comienzo de la Eucaristía, que estuvo presidida por el Arzobispo y concelebrada por una veintena de sacerdotes, en la que su tuvo muy presente al papa León XIV, por el que se ofrecieron oraciones por su pronta recuperación.

En su homilía don José Rodríguez Carballo, afirmaba que “en este lugar se siente de manera particular la presencia de la Virgen, que aquí quiso hacerse visible a dos niñas, Marcelina y Afra”. El Arzobispo recordaba que esta peregrinación tenía una dimensión eclesial muy importante. “No acudimos a Chandavila como personas aisladas -dijo-, sino como miembros de una misma Iglesia particular, sacerdotes, diáconos, religiosos, consagrados, seminaristas, familias, jóvenes, niños, ancianos y laicos comprometidos. Hoy aquí podemos contemplar un icono de nuestra Iglesia que peregrina en Mérida, Badajoz. Todos, queridos hermanos y hermanas estamos llamados a caminar juntos, a compartir la fe y a trabajar unidos en la única y misma misión evangelizadora”. (HOMILÍA COMPLETA)

Don José invitó a aprovechar  “esta hermosa ocasión para encontrarnos con el Señor a través de la Virgen de los Dolores y para encontrarnos unos con otros para enriquecer y enriquecernos con los dones que el Señor nos ha regalado a cada uno”.

En otro momento señaló que “venimos a Chandavila para poner nuestros dolores en las manos de María y aprender de ella a vivirlos con fe, sin perder nunca la esperanza”.

Finalizada la Eucaristía los peregrinos compartían comida en decenas de mesas colocada por la cofradía en una de las zonas de merenderos, antes de dar comienzo el rezo del Santo Rosario con el que se ponía el cierre a la jornada.

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Arzobispado de Mérida-Badajoz
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