La Semana Santa y las costumbres paganas

Queridos hermanos y hermanas:

¡El Señor os dé la paz!

Este domingo comenzamos la Semana Santa, en la que conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Cristo, un tiempo de oración, reflexión y renovación espiritual.

A lo largo de la historia han ido evolucionando las tradiciones culturales que han nacido de este tiempo litúrgico, dado que el culto siempre ha sido germen de cultura. Sin embargo hay una línea fina, pero determinante, que diferencia el cambio de costumbres culturales y la asunción de costumbres paganas.

En los últimos años, muchos miembros de nuestras comunidades parroquiales perciben la Se- mana Santa como una semana de vacaciones más. Consecuentemente, estos días son “aprovechados” para irse a la playa y, en el mejor de los casos, asistir a algún acto religioso. Se pierden así la riqueza del triduo pascual y el tiempo especial de meditar y vivir los misterios de nuestra salvación.

La Semana Santa son las procesiones, riquísimas expresiones de religiosidad popular y catequesis adornada de marchas musicales, adornos florales y rodeadas de una estética singular, que toman nuestras calles y plazas. Pero es mucho más. La Semana Santa es la participación activa en las celebraciones del Jueves, Viernes y Sábado Santo, es ponerse delante del Señor en el Monumento acunados en el silencio de la noche del Jueves al Viernes Santo y el recuerdo meditativo de lo que aconteció; es poner en el centro de nuestra vida el miste- rio pascual, abundar en la institución de la Eucaristía y en el amor al prójimo que celebramos el Jueves. Es adorar la Cruz que nos lleva al Crucificado para darle sentido a las cruces que cargamos a lo largo del año y es cantar la gloria de nuestro Redentor y saborear nuestra redención en la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo.

La Semana Santa es un regalo para reflexionar sobre los misterios más profundos de nuestra fe, es una invitación a la contemplación, el silencio, el ayuno y la renovación. Es una clase magistral para aprender a vivir el dolor y la tristeza con esperanza.

La Semana Santa nos enseña a vivir el dolor y la tristeza con esperanza, generando solidaridad con los que sufren, los “crucificados” que nos rodean.

La Semana Santa es la explicación amorosa de Dios sobre el sentido de la vida. La noche del Jue- ves abarca muchas noches oscuras por las que podemos pasar cada uno: la traición, el abandono, el dolor… hasta la muerte. El Viernes es el silencio de la muerte, que pare- ce hacernos creer que Dios no tiene la última palabra, que esa última palabra la tienen los poderosos de la tierra, los que lo crucificaron. Hasta que en la madrugada del Domingo  el Señor se cita con una mujer y unos apóstoles desconcertados que pese a no entender nada, siguen buscando. En ese encuentro hayan el sentido a lo que ha pasa- do, que es rubricado el día de Pentecostés con la llegada del Espíritu Santo que les abre el entendimiento y les da fuerzas para lanzarse a comunicar lo que han visto y lo que han vivido.

Os deseo a todos  una feliz Semana Santa, con profundidad, con sentido.

Vuestro pastor y hermano.

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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