
Una numerosa representación de la vida consagrada (tanto activa como contemplativa) de nuestra archidiócesis ha celebrado su jornada mundial este 2 de febrero, coincidiendo con la fiesta de la Presentación del Señor, con una eucaristía en la Catedral de Badajoz presidida por el Arzobispo de Mérida-Badajoz, D. José Rodríguez, que es religioso, y concelebrada por varios sacerdotes.
La celebración comenzó en la entrada del templo catedralicio con la bendición de las velas. A continuación, los fieles marcharon en procesión hasta el interior de la Catedral.

En su homilía, D. José Rodríguez Carballo afirmó que «nuestro mundo está necesitado de hombres y mujeres, sembradores que esparzan fraternidad, luz, esperanza en el surco del mundo» y recordó que en esta celebración los religiosos renuevan «un sí gozoso, un sí radical, un sí generoso a Aquel que nos amó primero». El Arzobispo de Mérida-Badajoz hizo referencia a la fidelidad y pidió a los religiosos mantenerse fieles, una fidelidad que les lleve a “reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy”. D. José Rodríguez habló también de las dificultades que comparten «con las otras formas de vida cristiana. Pero “las dificultades no deben, sin embargo, inducir al desánimo. Es preciso más bien comprometerse con nuevo ímpetu, porque la Iglesia necesita la aportación espiritual y apostólica de una vida consagrada renovada y fortalecida”.
Durante la celebración los consagrados renovaron sus promesas. Al final de la Eucaristía, el Arzobispo de Mérida-Badajoz agradeció la inmensa riqueza con la que cuenta la archidiócesis, con una treintena de institutos de distintas formas de vida consagrada, «gracias por lo que sois y por lo que hacéis».
Testimonios
A continuación, los consagrados se trasladaron al salón de actos de la sede del Arzobispado en Badajoz. Mercedes Díaz Tortonda, presidenta de la CONFER diocesana, inició el acto dando gracias por el don de la vocación, con diversidad de carismas, que les permiten «dar luz, esperanza y sanación allá donde se encuentran», reconoció que se viven momentos difíciles, pero no por ello se pierde la esperanza. Además, recordó de manera especial a las hermanas Siervas de San José de Mérida, que se han marchado, y felicitó a las Hermanas Corazonistas por su 128 aniversario, a las Escolapias, que cumplen 75 años en Mérida y los Padres Paules en el 400 aniversario de su fundación.

En este acto se escucharon los testimonios de la hermana clarisa Teresa, abadesa del monasterio de Santa Ana, en Badajoz, donde llegó hace 44 años. Ella contó cómo nació su vocación y la «lucha» con sus padres que supuso su entrada en el convento. Además, afirmó que atraviesa un momento vital de confianza arraigada en la misericordia del Señor y gratitud por todos los dones recibidos.

En segundo lugar tomó la palabra el padre jesuita José Miguel, que lleva en Badajoz dos cursos pastorales como párroco de la Santísima Trinidad, en Badajoz. Él planteó su vocación como una mesa que cuenta con cuatro patas: relativizar lo absoluto; centralidad de Jesús en la vida; la misión de la Compañía de Jesús y la pasión por la vida.

Por último, habló la hermana Belén, de la congregación de Hermanas del Ángel de la Guarda, que llegó hace 7 años a Badajoz. Ella contó cómo nació su vocación, que vive como un regalo, y reconoció encontrarse en un momento de su vida en el que está aprendiendo cómo cuidar ese regalo. Además, habló de cuál es su trabajo en estos momentos: llevar a Dios a los jóvenes y transmitir la alegría de la vida consagrada.
D. José Rodríguez clausuró este acto agradeciendo estos testimonios, de los cuales destacó: la vocación es una lucha (hna. Teresa); nuestra vida no se puede sostener sin una base firme (padre José Miguel) y la vocación nace de un vacío existencial que se intenta llenar (hna. Belén). Además, fray José pidió a los consagrados que tengan valentía para invitar a otros a seguir a Jesús y alegría en su seguimiento.
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