D. Celso Morga presidió el segundo día de su Quinario

El martes 25 de julio olía a fiesta en Los Santos de Maimona. Desde las 20h. un río de santeños surcaba el camino de la Virgen dispuestos al encuentro con la Virgen de la Estrella, que de manera excepcional salía de su santuario con motivo del 25 aniversario de su coronación.
Se notaba la impaciencia por ver a la Virgen que ya estaba preparada en el interior. Preciosa entre flores oliendo a nardos. Con su manto azul y la corona de Reina que hace 25 años colocara sobre sus sienes el ahora Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, D. Antonio Montero. Y el Niño Jesús con su coronita de rubíes. Y la estrella en la falda de la Virgen, radiante, con destellos de emociones.
El grupo de costaleras que sacaron a la Virgen de su santuario lo hicieron despacio, como requiere la circunstancia, sonó el himno de España y los primeros vivas a la Virgen. Un grupo de soldados de origen santeño acompañaban el paso. Silencio mientras se colocaban los candelabros con las tulipas, y de nuevo la emoción cuando el maestro Arrabal, mandó tocar a la Banda de Música de Los Santos la marcha por él mismo compuesta, ‘Ave Estrella’, empalmando estrofas del himno de la Virgen con mucha inspiración, alegre, de día de Fiesta.
Por delante los estandartes de las distintas hermandades y Cofradías y, abriendo el cortejo, la Banda de Cornetas y Tambores «Ntra. Sra. de la Estrella». Autoridades religiosas y civiles y mucha bulla alrededor de la imagen que recorrió el patio como flotando sobre el gentío. Y en el antepatio la primera plegaria cantada por Tormenta Marismeña y, en el camino de la Virgen, más emociones y paso firme de la cuadrilla de 40 costaleros y costaleras que se alternaban llevando a hombros a la Patrona. Estrellas azul y blancas en las fachadas y en las farolas, banderolas con la imagen de la Estrella. Y en Mariaños… el barrio de la Virgen, más emociones que se entremezclaron con la inauguración de la Casa de Hermandad, en la antigua ermita del convento cuya campana, después de tantos años… volvió a sonar al paso de la Señora. Y más vivas y más música y muchas lágrimas entre quienes, tal vez por su edad, no volverán a ver a la Virgen por las calles de su pueblo. Gentío en el enlace del Camino con la calle Badajoz y la desembocadura en la calle Isaac Peral -la calle el Arenal-, tan mimosamente adornada por sus vecinos. De nuevo estrellas y colgaduras de pared a pared. De nuevo el azul y blanco y el amarillo y muchas macetas a la puerta donde los vecinos, sentados en sillas, esperaban a la Virgen tomando el fresco de la noche. Y llegaron las coplas cantadas desde varios balcones. Y la parada del paso con la emoción del momento. Balcones llenos de fieles dispuestos a recibir los impactos de esa talla pequeñita pero que despide tanta majestad.
A lo lejos destacaba el resplandor que envuelve a la imagen de la Virgen de la Estrella… una visión singular de Estrella fulgurante y única.
¡Que pequeñita es, pero que guapa va!- señalaba un forastero que se encontraba por vez primera con la señora. Y tras la calle del Arenal, la de Zafra, balcones con colgaduras de estrella y globos blancos y azules . Y al final de la calle una gran petalada de flores que inundó el paso y llevó de nuevo las lágrimas a los ojos. El nudo en la garganta… Los vivas a la madre de Dios.
Pasó la Virgen por la plaza -terrazas a rebosar- y entró en el templo por la Puerta del perdón, de cara al pueblo y el paso quedó instalado en el altar mayor. Magnífico trabajo costalero y de los capataces.
Plegarias, oración mariana y plática de agradecimiento del párroco Leonardo terrazas.
Salió la Virgen y el pueblo se llenó de emociones que no se vivían desde hace tiempo. Una procesión tan sumamente elegante y solemne, vivida con tanto calor por quienes acompañaron en todo momento a la Señora, preparada con tanto gusto por la Cofradía, que preside Paco Murillo, es difícil de organizar, si no fuera por la pasión con la que es vivida por los santeños. Podríamos hablar de centenares -más de mil personas- las que en todo momento se dispusieron a vivir momentos, tan bellos, que luego nunca se olvidan. ¡Viva la Virgen de la estrella!
Quinario

A partir del 26 de julio se iniciaba el Quinario a la Virgen de la Estrella, que contó el sábado 27 de julio con la presencia del arzobispo de Mérida-Badajoz, Don Celso Morga, quien presidió el segundo día.
Con el templo lleno de fieles y los cantos de la Coral santeña se iniciaba la Eucaristía. Acompañaron en la celebración el párroco de Los Santos de Maimona, Leonardo Terrazas, y sacerdotes nacidos en Los Santos.
Don Celso Morga habló en la homilía de la necesidad de “estar unidos en torno a María” y destacó la gran devoción que ha encontrado en el pueblo en tono a la madre.
Don Celso estuvo cercano y emotivo, “cuando se pierde a una madre los hermanos se encuentran solos, pero ahí está María para la necesaria reunificación tan deseada por la madre del redentor”. Enlazando con la liturgia del domingo, D. Celso animó a todos a “rezar con la intercesión de María para llegar a Jesús”.
La presencia del Arzobispo de Mérida-Badajoz fue muy bien acogida por la feligresía en general y por la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Estrella porque ha servido para que D. Celso haya conocido de primera mano una de las advocaciones de María más potente en la Archidiócesis.

El día anterior, primero del Quinario, presidió la eucaristía Francisco Romero, párroco de Olivenza y delegado episcopal para la Catequesis, que en la coronación era vicario parroquial de Los Santos y una persona muy activa para conseguir dicha coronación, junto al párroco, Ángel Muñoz.
En su homilía insistió en que los mayores debemos mantener la tradición de devoción a la Virgen de la Estrella “y trasmitirla a generaciones venideras”. En este primer día de quinario cantó el coro de la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús.
En su conferencia posterior, celebrada en la Casa de la Cultura, Romero contó las vivencias como uno de los promotores de la coronación de la Virgen. Estaba recién ordenado sacerdote y lo primero que se encontró al llegar al pueblo fue un cierto movimiento anticoronación que pronto se fue reconduciendo en todo o en parte. “Porque la coronación fue importante ya que supuso el empuje de todo el pueblo”.
Habló de los requisitos que impuso el obispo para llevarla a cabo: una reevangelización -que se consiguió con unas misiones populares llevadas a cabo por los padres Claretianos-, una obra social -la compra de una casa por 11 millones de pesetas para el Centro Social Parroquial-, el arraigo popular de la devoción a la Virgen María –cosa que en Los Santos era fácil de demostrar con el cariño a la Estrella– y la renovación de los estatutos de la Cofradía de la Estrella adecuándolo a lo que exige la Iglesia.
Según Francisco Romero, de la Coronación nació una Parroquia más fortalecida y floreciente y un pueblo más unido.
Describió el momento de la coronación como único en su vida de sacerdote y señaló que, junto al recién nombrado arzobispo de la también recién creada Provincia Eclesiástica de Extremadura, oficiaron tres obispos: Coria-Cáceres, Plasencia y el de Huelva que, como anécdota, tuvo que dejar la mitra al Arzobispo Montero porque la suya la había olvidado el secretario en Badajoz. Y para colmo le estaba muy ancha.
“Fue la coronación el primer acto oficial que se llevó a cabo en la provincia eclesiástica de Extremadura y la primera coronación que como obispo llevó a cabo el recién nombrado Arzobispo de Mérida-Badajoz, Monseñor Montero”.
También explicó que por circunstancias de la edad de Montero, fue él quien colocó la corona en las sienes de la Virgen “ya que el Arzobispo, que tenía problemas de visión, así me lo pidió cuando ambos estábamos ya en la escalera dispuestos para el momento de la coronación”.
Tras la conferencia el mayordomo de la Virgen de la Estrella, Francisco Murillo, hizo entrega a Francisco Romero de un azulejo que se ha acuñado especialmente con el logotipo de los 25 años de la Coronación.
Lucio Poves

