Territorio de 155.000 km2, atendidos por 51 misioneros, de los cuales 11 sacerdotes, para 680 comunidades.
¿Cómo ayudar?
Cuenta de La Caixa:
ES71 2100 2194 7502 0039 4333
Titular: Arzobispado de Mérida-Badajoz.
Concepto: Amazonas.
Mons. José Javier Travieso, Obispo Vicario de San José del Amazonas, en Perú, es extremeño, de Don Benito. Religioso Claretiano, lleva trabajando muchos años como misionero.
Desde el Vicariato Apostólico de San José del Amazonas (http://www.sanjosedelamazonas.org/) nos pide ayuda. Este vicariato es una jurisdicción eclesiástica misionera que fue confiada por la Santa Sede a los Franciscanos en 1945.
“Los desafíos para una pastoral amazónica en comunidades nativas y ribereñas son grandes -nos dice monseñor Travieso- por la enorme extensión del Vicariato, la escasez de agentes pastorales, la dispersión de las comunidades, a las que sólo se llega por vía fluvial, y la pobreza en la que viven estos hermanos, cuya supervivencia depende de la pesca, la caza y una agricultura incipiente.
Los misioneros acompañan al pueblo en la fe; se dedican a la catequesis y a formar a los catequistas, líderes y animadores cristianos; a la pastoral de niños, jóvenes y adultos; y a la pastoral indígena, para recuperar la dignidad e identidad de las comunidades nativas: unos 15.000 habitantes pertenecientes a 14 etnias diversas: Napuruna, Kichwa, Arabela, Ticuna, Yagua, Mayuruna, Secoya, Bora, Ocaina, Matsés, Pananajuri, Cocama, Maijuna (Orejones), Murui (Huitoto). Estas culturas indígenas han sido muy castigadas por agentes externos.
El Papa S. Pio X mostró su preocupación por la terrible situación de los indígenas en su encíclica Lamentabili statu indorum de 7 de junio de 1912, en la que pidió a los obispos de América latina una mayor atención a ellos. “Esto origina la creación de la prefectura del Putumayo -señala Monseñor Travieso- y, posteriormente, de la Prefectura de S. José del Amazonas, hoy nuestro territorio”.
Comunidades indígenas
Desde hace décadas se viene trabajando en la educación y salud de comunidades indígenas mediante colegios e internados en el Putumayo y el Napo. “Hoy continuamos en el empeño de acompañar a las comunidades nativas del territorio vicarial, destaca el Obispo dombenitense. Dos de estas formas de acompañamiento, concretamente en el Napo, son: el Centro de Salud de Santa Clotilde y su micro-red de 13 puestos de salud a lo largo del río, y la atención a varias organizaciones y federaciones que representan a 64 comunidades de las etnias Kichwa y Murui Muinane, que buscan el desarrollo integral y sostenible de la selva peruana conservando su identidad sobre la base del «Napuruna Alli Kawsana» (el «Buen vivir» de los napuruna)”.
Estas organizaciones indígenas, trabajando con las autoridades y las organizaciones civiles locales, han elaborado una Agenda Indígena que recoge consensos en relación a demandas y propuestas de seguridad jurídica, territorio, educación bilingüe intercultural, salud intercultural, cuidado de los recursos naturales y ambiente, consulta previa, mujer y liderazgo organizativo.
Pocos para mucha necesidad
“Somos muy pocos -reconoce don José Javier Travieso- y las necesidades muy grandes. Recibimos algunas ayudas para la realización de proyectos específicos en pro de la educación, salud, acompañamiento de líderes y comunidades. Pero el día a día de la vida y trabajo de los misioneros no entra dentro de los esquemas de un proyecto de atención pastoral o acción para el desarrollo. Ese día a día comprende muchas cosas, desde atender en todo tipo de asuntos y necesidades a quienes el misionero va encontrando en el camino, hasta procurarse alimentación y otras necesidades básicas; también su formación permanente; además del ir y venir por los ríos y quebradas para visitar a las comunidades a su cargo; bogar por los ríos cuesta tiempo, combustible, y sortear varios tipos de dificultades e imprevistos. Esta es la realidad, la realidad de la vocación y el servicio misioneros y la pobreza de medios para llevarla a cabo”.
En la carta enviada a Iglesia en camino Mons. Travieso nos recuerda que “los bautizados somos corresponsables en la misión evangelizadora. Nadie hay tan pobre que no pueda compartir, ni tan rico que no pueda recibir. Por ello nos dirigimos a ustedes, hermanos que leen este mensaje; a ti que nos concedes tu atención.
Si pudiéramos autoabastecernos, no pediríamos ayuda. Pero, puesto que no nos bastamos para continuar la labor misionera en este Vicariato de San José del Amazonas, acudimos a ti, acudimos a ustedes pidiendo que, en la medida de sus posibilidades, y sin que tengan que pasar necesidad, nos ayuden a los misioneros para poder mantenernos, cuidar nuestra formación permanente, visitar las comunidades a nuestro cargo y realizar la tarea cotidiana de anunciar el Evangelio de Jesucristo entre nuestros hermanos de estas regiones amazónicas”.
Artículo del misionero diocesano César Caro sobre el Vicario de San José del Amazonas, en Perú, «Una semana en la selva». Para leer, pincha AQUÍ

