Santa Eulalia une a Mérida y a Totana

Un millar de peregrinos llegaron con la imagen de santa Eulalia

Imagen de santa Eulalia de Totana en su encuentro con la reliquia de la mártir.

La frase que resumía todos los acontecimientos, lo habían condensado en una frase. ¡A Mérida con Santa Eulalia! Porque los días 12, 13,y 14, la ciudad de Mérida se llenó de una multitud de personas que llevaban en sus cuellos un pañuelo rojo, que mostraba un camino desde Totana, en Murcia, hasta Mérida. Eran peregrinos que habían traído la imagen de Santa Eulalia que se venera en esta población, hasta la ciudad de Mérida. Mas de un millar largo de personas, a las que se unirían otras procedentes de Almonaster y Santa Olalla de Cala, se unieron a esta celebración, en la que no faltaban elementos como los grupos musicales de esta población, dándole un tono festivo a este encuentro .

Para muchos, esta manifestación era la confirmación de que la Mártir emeritense, no era algo exclusivo de los ciudadanos emeritentes y que sólo era querida con una gran devoción, en esta población, sino que evidentemente, había algunos lugares, en los que parecía incluso superar esta devoción a Santa Eulalia de Mérida.

Uno de los momentos más emotivos, de estos días  fue el encuentro, el día 13, a las once, en el inicio del Puente Romano en el que se encontraron, peregrinos, algunos habían recorrido cerca de 700 kms. a pie desde Totana hasta la ciudad, rememorando aquellas antiguas y larguísimas peregrinaciones, en las que como Gregorio de Tours, habían venido a venerar las reliquias y el lugar en donde vivió y padeció martirio Santa Eulalia, con la imagen traída  de Totana y la reliquia de la Mártir, que se conserva en la ciudad de Mérida.

Muerta Eulalia en la hoguera, su cuerpo fue depositado en un Túmulo, al que venían a visitar  de todas partes, originado unos caminos de peregrinación.

Sin embargo este culto a las reliquias, no fue al principio del cristianismo muy considerado, tal como podemos apreciar en Tertuliano, en el S. II.

» “Qué hacéis para honrar a vuestros dioses  que no hagáis para honrar a vuestros muertos? Alzáis templos tanto a los dioses como a los muertos; altares a los dioses y a los muertos. Idénticas son las fórmulas dedicatorias que usáis en las inscripciones para estos y para aquellos. Incluso a sus estatuas les dais el mismo semblante” (Tertuliano; A las naciones  I, 10; Apologético, XIII, 7).

A pesar de las palabras de Tertuliano (160-220), considerado como uno de los primeros Padres de la Iglesia, rechazando el culto a los muertos como contrario a la doctrina cristiana, es evidente que la tradición romana de pervivencia de la memoria del difunto se impuso. Y hasta es posible, que Tertuliano con estas palabras sólo clamara contra el abuso de esta práctica. Pero no debía de ser tan contraria esta costumbre a la doctrina cristiana, cuando sobre las tumbas de los mártires se levantaron basílicas e iglesias, sobre todo a partir del S.IV. La inestabilidad política, las guerras y las pestes  hacen volver el rostro y el ánimo, hacia consideración de que los mártires y santos pueden interceder por los vivos, y esto, continuará hasta la actualidad.

Había una reticencia, en la cultura romana de que se enterrara o quemara a nadie dentro de la ciudad.

“No se queme ni se entierre dentro de la ciudad al hombre muerto”. Escribe Cicerón  basándose en las  Leyes de las XII tablas.

Y la Lex Genetivae Iuliae  afirma: “Dentro del límite de la ciudad que en su momento fue señalado por el arado no podrá enterrarse hombre alguno ni incinerado ni inhumado, como tampoco construir monumentos funerarios. Quien así lo hiciere será multado…y su monumento destruído”.

Sin embargo y a pesar de todas estas prohibiciones, se produjo no sólo una enorme proliferación de sepulturas martiriales, sino la instauración de enterramientos dentro de las iglesias, tanto más cercanos a la tumba del mártir, cuanto mayor fuera la capacidad adquisitiva del difunto para poderse pagar la sepultura en el lugar más preeminente.

Alfonso X, en el título 13, en el segundo punto de la primera de las Siete Partidas, fundamenta teológicamente la conveniencia de enterrar a los muertos en las proximidades de los templos, aunque reconoce que en algunas ocasiones algunos reyes construyeron cementerios fuera de los pueblos y ciudades:

“E mandaron que fuesen fechas iglesias , e los cementerios fuera de las ciudades e de las villas, en que soterrasen los muertos, porque el hedor dellos non corrompiese el  ayre, nin matase los vivos”.

Esta costumbre permaneció en algunos lugares no sólo hasta finales del S.XVIII, fecha en la que  La Real Cédula de 1787, establece situar los cementerios fuera de las poblaciones “en sitios ventilados y distantes de la población”, sino por diversas razones, casi siempre económicas, hasta bien entrado el S.XIX. Es habitual encontrar en los archivos de los pueblos mandas testamentarias de vecinos como la siguiente: “Mi cuerpo sea sepultado en la iglesia Parroquial de este dicho lugar Avocación de Nuestra Señora de la Asunzión en una sepultura que yo tengo en el cuerpo de la iglesia, que así es mi voluntad”.

Reliquia de la mártir en su salida de la basílica de Santa Eulalia.

¿Qué és es lo que buscaban los cristianos en las reliquias? La “dynamis”, la fuerza espiritual que surge de las reliquias de los santos. Por eso, no es de extrañar que las coloquen en lugares por donde corre el agua, así al beberla trasmiten con ella su beneficio.

Pregunta D. Juan Fernández en su libro “Vida e historia de Santa Eulalia de Mérida”. “¿Dónde estuvo el sepulcro de Santa Eulalia?… Con toda  seguridad , los restos de Santa Eulalia, por lo menos hasta la época de la dominación árabe, reposaron dentro de los límites de la ciudad de Mérida. Ateniéndonos a los resultados obtenidos en las recientes excavaciones realizadas en el subsuelo del templo de Santa Eulalia, su situación se ha localizado en el centro del ábside basilical”.

La pregunta siguiente es:¿Dónde están ahora? Y es aquí dónde surgen las conjeturas, de cuándo y quién se llevó los restos de la mártir a Asturias.¿ Se trató del rey Silo, casado con Adosinda, nieta de D. Pelayo. Del que se dice que realizó una expedición para rescatar de los musulmanes de Mérida los restos de Santa Eulalia? ¿O fueron los cristianos que tras la invasión de Mérida, se las llevaron hacia el norte? Fuera como fuese, parecen existir pocas dudas sobre su presencia en la catedral de Oviedo.

Las reclamaciones de la ciudad de Mérida, para la devolución de estas, tienen su reflejo en el primer escrito en Bable. en 1639 « Pleitu entre Uvieu y Mérida pola posesión les cenices de Santolalla»

En 1976, la Asociación de la Mártir Santa Eulalia consiguió que se le donara una pequeña reliquia.

El Acta Notarial de esta entrega  dice:.

«En Mérida a nueve de Diciembre de mil novecientos setenta y seis…

Siendo las diecinueve horas del día expresado, se constituye en la Parroquia de Santa Eulalia al objeto de presenciar la entrega de la Reliquia a la que se hace referencia en el acta inicial» Están presentes diversos personajes, como el obispo de Badajoz.

Don Manuel Hernández Martínez, Traumatólogo de Mérida, «manifestó después de dicho reconocimiento, que la reliquia examinada correspondía … con » la vértebra axis de Santa Eulalia»

«La vértebra «AXIS» de la Santa mide cinco centímetros en su diámetro transversal y otros cinco en el antero-posterior y tiene una altura de tres centímetros y medio»

(El axis es la segunda vértebra de la columna vertebral, ubicada en la porción superior de la región cervical de la columna. Se articula superiormente con el atlas, e inferiormente con la tercera vértebra cervical.)

Fue recibida con todos los honores, como esta se merecía.

Y esta, es reliquia que salió a las calles de Mérida el día 13, para encontrarse a la entrada del Puente Romano, con la imagen de la Santa Eulalia, traída por los más del millar de peregrinos que habían venido desde Totana, ( Murcia) algunos de ellos habían recorrido a pie, unos 700 kms. que separan ambas poblaciones, pero esa «dinamys», fuerza espiritual, que emitía la reliquia, se volcó sobre todos los asistentes.

Carmelo Arribas Pérez

Arzobispado de Mérida-Badajoz
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.