
Don Celso Morga presidía la eucaristía en la catedral el día de san Juan. A ella asistían numerosos fieles y don Celso estuvo acompañado por una veintena de sacerdotes. Entre los asistentes se encontraban autoridades locales, presididas por el alcalde, autoridades militares y representantes de la judicatura.

La misa fue ofrecida por Juana Macarro, del instituto secular Hogar de Nazaret, que falleció durante el periodo de confinamiento, y que había servido durante mucho tiempo en la catedral y en el seminario, entre otros lugares.

En su homilía, don Celso recordaba que san Juan Bautista aparece en la historia de la salvación “con la clara misión de preparar a otros el camino hacia Jesús. Su figura nos aparece coherente”. Partiendo de esa idea pidió que cada uno nos preguntemos qué quiere Dios de nosotros desde las circunstancias concretas de cada uno. “Una cosa es segura: como cristiano, como cristiana, Dios me encomienda preparar a los que me rodean para que encuentren más fácilmente a Cristo, prepararles el camino hacia Cristo”, afirmó. El Arzobispo pidió a los políticos honradez en el manejo de las cosas públicas y puso como “modelo acabado” a san Juan.

