Felicitación navideña del Arzobispo de Mérida-Badajoz

Fray José Rodríguez Carballo, ofm, arzobispo de Mérida-Badajoz, felicita la Navidad a toda la Archidiócesis_
“Vino a los suyos” (Jn 1, 11). Los “suyos”, nos recuerda el papa Francisco, somos nosotros ( cf. Dilexit nos, 31), eres tú y soy yo, somos todo hombre y mujer. “Vino a los suyos”, a la humanidad, pues el mundo es también amado por Dios: “Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga la vida eterna” (Jn 3, 16). “Vino a los suyos”: Él me pertenece y yo le pertenezco. Sin anular mi libertad bien puedo decir que yo soy de él.
“Vino a los suyos”: saltó todas las barreras. “Vino a los suyos”, “y acampó entre nosotros” (Jn 1, 14). “No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David ha nacido un Salvador” (Lc 2, 10-11). El Niño que contemplamos, “envuelto en pañales y recostado en un pesebre” (cf. Lc 2, 12), es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros. El Dios revelado en Jesucristo es proximidad, es cercanía. La Navidad nos lo recuerda. Desde el portal de Belén, el Verbo, la Palabra hecha carne nos está diciendo: No tengas miedo. ¿Acaso puedes tener miedo a un niño?
“Vino a los suyos”, “Ha aparecido la bondad de nuestro Dios, nuestro salvador y su amor al hombre” (Tit 3, 4). Desde entonces, como afirma Isaías, Ya no nos llamarán abandonados, ni a nuestra tierra devastada, sino que nos llamarán buscados; buscados porque amados, buscados porque el que viene, viene a traernos la salvación (cf. Is 62, 11-12). “Vino a los suyos”: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierra de sombras y una luz les brilló” (Is 9, 1). “Vino a los suyos”: Romped a cantar a coro, porque el Señor consuela a su pueblo y lo rescata (cf. Is 52, 9).
La Navidad nos trae esta alegre noticia: Dios te busca, Dios nos busca. Y cuando nos dejamos encontrar por él nos pregunta: “¿Qué puedo hacer por ti?” (Mc 10, 51). Desde el portal de Belén Dios nos tiende la mano, nos toca, nos acaricia, como solo él lo sabe hacer, pues, en expresión del Papa Francisco, “conoce la bella ciencia de las caricias”.
Hay un episodio que personalmente me conmueve. Cuando a Pedro en medio de la tormenta duda, Jesús le tiende la mano y lo sostiene, al mismo tiempo que le decía: “¿Por qué dudaste?” (Mt 14, 31). Es Navidad y Jesús te dice y me dice: No temas, déjame que me acerque a ti, deja que nazca en tu corazón, deja que haga morada en ti (cf. Jn 14, 23).
Tal vez te sientas, me sienta indigno de que Jesús venga a tu “casa”, entre en tu vida, como indigno se sintió el centurión romano de que Jesús entrase en su casa (cf. Mt 8, 8-9). No temamos, Jesús se sentó a comer con los pecadores (cf. Lc 11, 18), porque son estos los necesitados de salvación (cf. Mc 2, 17).
En esta Navidad Jesús espera que le des hospitalidad en tu casa, en tu corazón, como Zaqueo (Lc 19, 1-10); espera que le des la posibilidad de iluminar tu vida, como el ciego de nacimiento (cf. Jn 9, 1-41); espera la oportunidad para levantarte del “lecho de muerte” en que te puedas encontrar, como la hija del jefe de la sinagoga (cf. Mc 5, 35), pues él es la vida (Jn 1, 4) ; espera que le abras la puerta de tu vida para curarte de la “fiebre” que te aqueja, como a la suegra de Pedro (cf. Mt 8, 14-34), pues él es el médico (cf. Lc 5, 31-32).
“Vino a los suyos”, siéntete amado, querido, buscado, amigo de un Dios que se hace pequeño, frágil, como un niño para acercarse a ti, no te distraigas, ocupado en mil cosas que te roban el corazón (cf. Mt 22, 1ss). “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron” (Jn 1, 11). ¡Qué triste sería que no nos dejásemos encontrar por Dios, como intentaron Adán y Eva, escondiéndose de aquel que los había creado (Gn 3, 8)! ¡Qué triste sería que no escucháramos el dulce susurro de un Dios Niño que nos pide entrar en nuestros corazones por estar demasiado ocupados en mil cosas o simplemente dormidos! ¡Qué triste sería que cuando nos visitase no tuviéramos lugar para hospedarlo en nuestro corazón! (cf. Lc 2, 7)
Es Navidad, vayamos a Belén, corramos; vayamos a “toda prisa”, como los pastores, allí encontraremos a María, José y al Niño (cf. Lc 2, 16); pongámonos en camino, como los magos de oriente y ofrezcámosle nuestros dones: nuestros corazones, pues es lo que él busca (cf. Mt 2, 1ss). Y una vez encontrado, como los pastores demos gloria a Dios por lo que hemos oído y visto (cf. Lc 2, 20); por todo “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos (los del corazón), lo que hemos contemplado y tocaron nuestras manos” (1Jn 1, 1), y de todo eso demos testimonio gozoso ante el mundo y anunciemos la Vida eterna que se nos manifestó en Belén (cf. 1Jn 1, 2- 3).
Es Navidad, vayamos a Belén y postrados ante el Niño contemplaremos la inaudita ternura de Dios que salva el mundo encarnándose. Es Navidad, vayamos a Belén, acojamos la ternura de la Navidad, estemos atentos para darnos cuenta de las lágrimas y de las necesidad de los demás. Es Navidad, vayamos a Belén: miremos al Niño, miremos su cuna, contemplemos el pesebre, que los ángeles llaman la “señal” y bajo esos signos, y en medio de tanto asombro, descubriremos el rostro de Dios, que es compasión y misericordia. Es Navidad, vayamos a Belén: Dios se hace cercano, tierno y compasivo. Este es el modo de ser de Dios: cercanía, compasión y ternura. Es Navidad, vayamos a Belén y como los pastores dejaron sus rebaños, dejemos también nosotros nuestras melancolías y abracemos la ternura del Dios Niño. Y hagámoslo sin máscaras, sin corazas. El Dios que se hizo hombre no espera de nosotros sino un corazón abierto y confiado. Es Navidad, vayamos a Belén, acojamos a Jesús en nuestro corazón y dejémonos sorprender por Él. Es Navidad, vayamos a Belén.
Feliz Navidad a todos los hombres y mujeres a los que Dios ama.
Vuestro hermano y pastor que os abraza y bendice.
Badajoz, Navidad 2024
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz

