
Bajo el lema “La Providencia es mi madre”, de santa Teresa de Jornet, las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Mérida han conmemorado con varios actos la llegada a la ciudad, 75 años ya, de esta querida Congregación a la ciudad de Mérida
El 15 de mayo de 1947, llegaban las primeras cuatro Hermanitas, y, en la Casa donde viven y está la actual Residencia, calle Santa Teresa de Jornet, se conmemoró, tan señalada fecha, con la puesta y bendición de una hermosa imagen de nuestra Madre, la Virgen María, en unos de los patios centrales de la casa, a la derecha de la que es la estancia principal de todas las casas de las Hermanitas: la Capilla, a la que se le puso una placa: “Se colocó esta imagen el 15 de mayo de 2022, fecha en la que llegaron las HERMANITAS a Mérida. 1947-2022”, para recordar tal acontecimiento.

En Mérida, nudo de comunicaciones para varios de los Asilos que ya había en la región, hacía necesario que hubiera una residencia, de ahí que la Madre Superiora General de entonces, sor Juana de Santa Teresa Herrero manifestara en varias ocasiones el deseo de fundar, así se comenzaron a realizar las gestiones necesarias para encontrar una casa donde poder instalarse de momento. El 15 de mayo de 1947, hechos los preparativos de las cosas más necesarias, y con el beneplácito del entonces Obispo de la Diócesis, D. José María Alcaraz y Alenda, llegaron esas primeras hermanitas, Madre Antonia de San Francisco Javier Pascual, sor Marina de San Ildefonso Arrola, sor Carmen Del Ángel de la Guarda Regal y sor María de San Francisco de Asís Coello, y que partir de esa fecha, comenzaron a trabajar para conseguir una casa definitiva, y, desde entonces, hubo una hermosa y divina complicidad entre las Hermanitas y los emeritenses. Ellas, por hacer la vida agradable a los ancianos que, por aquella época, dependían, casi exclusivamente, de la beneficencia o de la caridad, y los emeritenses para que ello fuera posible. El 15 de mayo de 1947 se firmó el Acta Fundacional del Asilo, e Iglesia y ciudad, encabezadas por su Obispado y por su Ayuntamiento, se pusieron manos a la obra.
Comenzaron, de forma provisional, pues el lugar era pequeño e inadecuado, en unos locales de la planta baja del convento de las monjas Franciscanas Concepcionistas que entonces residían en la ciudad. En esas dependencias, se rehabilitó una habitación como oratorio, y el 26 de agosto de 1947, cincuentenario del fallecimiento de la Madre Fundadora, se inauguró de forma oficial la casa.
Pero los problemas no terminaron, el lugar no era el adecuado para cumplir sus fines asistenciales. Así comenzaron a buscar terreno y dinero para construir un nuevo edificio, puesta toda la confianza en “la Providencia que, como decía Santa Teresa Jornet, era su madre” lo lograron, pero, no será, hasta 1960, cuando se entrará en el nuevo edificio, en el que hoy están y viven con sus ancianos.
Por eso, el 31 de mayo, nos reuníamos, junto a nuestro Arzobispo D. Celso, un nutrido grupo de sacerdotes, hermanitas de la casa y muchas otras venidas de otras muchas comunidades, algún cargo público y un nutrido número de fieles, bienhechores, voluntarios y trabajadores, para celebrar la Eucaristía en Acción de Gracias, en el día en que la Iglesia festeja la Visitación de nuestra Señora, por eso, con ella, también nosotros cantamos “la grandeza del Señor porque hizo y sigue haciendo maravillas”.
En el momento de la acción de gracias y, un anciano, quiso darlas, “por las vidas generosas y fieles de santa Teresa y de D. Saturnino que, hicieron que, desde entonces, todo anciano, en Mérida, tuviera un hogar donde vivir alegre, confortable y feliz”. Un voluntario, al mismo tiempo que bienhechor, recordaba como: “las Monjitas del Asilo, también formaban parte del paisaje humano de la Mérida, cuando salían, al menos, de dos en dos por las calles a pedir. Recuerdo -seguía diciendo- a sor Manuela sonriente, simpática, incansable, respetada y respetable, con el Señorío del Amor, Perdón, Misericordia y Caridad de la Cruz Redentora, recogiendo de las casas lo que se les daba en metálico o especie para sus Ancianitos… Al poco tiempo, me dijeron que arriba, en la 1ª planta, Sor María era la dulzura personificada con Hábito en el trato y cuidado de los Cristos vivos, ajados y sin autonomía, necesitaba una ayudita los fines de semana. Y allí que me planté”. Y continuó: “No soy nadie sin venir a esta Casa de Dios, de las Hermanitas, a quienes tanto debo, los domingos por la tarde, donde reside Cristo Vivo, hermanos mayores amparados por el Santísimo y por el amor de las Hermanitas”. Finalmente, se unía a esta acción de gracias, la Madre actual, sor María que, entre otras cosas, dijo :”Leyendo la historia de los 75 años se comprueba los esfuerzos que tantos han hecho día a día, hasta conseguir este confortable hogar en el que hoy vivimos. En este empeño colaboró el pueblo emeritense y un considerable grupo de bienhechores que no escatimaron esfuerzos para conseguir médicos, dedicando muchas horas en el empeño. También la Providencia, en la que confío, se ha manifestado a través de organismos oficiales que también colaboraron… a todos damos gracias. Capítulo aparte, dentro de la Providencia, han sido y siguen siendo, nuestros Voluntarios que, desde el principio han ocupado un lugar destacado en nuestra casa; por su dedicación desinteresada e incondicional, sobre todo sábados y domingos damos gracias a Dios, y seguimos confiando en la Providencia, que nunca nos ha faltado”.
Dios no se deja ganar en generosidad, y sirviéndose de hombres de buena voluntad, y gracias a las seguidoras de santa Teresa Jornet, y del, también ejemplar, hombre de Dios, D. Saturnino López Novoa, aquel deseo de la entonces Madre General sor Juana de Santa Teresa Herrero, es hoy día una hermosa realidad, en la que, muchos ancianos, los que han pasado y los que están, se sienten como en su casa porque, verdaderamente, es su casa.
Termino este artículo con la frase colocada en el frontal de la Capilla: “75 años de Gracia y de Bendición”. Enhorabuena, Hermanitas, y gracias por todo, y a por otros 75 años más.
Rafael Navarrete





