El Vicario de Badajoz, Francisco Maya, presidió la Eucaristía en la parroquia Jesús Obrero, en el Cerro de Reyes
El pasado 6 de noviembre se cumplían 20 años de la riada en la que fallecían 24 personas y una desaparecida (3 en Valverde de Leganés y el resto en Badajoz) y que asoló parte de los barrios del Cerro de Reyes y de San Roque. Por este motivo la Eucaristía que cada año se celebra para recordar este día en la parroquia Jesús Obrero, en Badajoz, en esta ocasión fue un poco más especial.
La Misa fue presidida por el Vicario de Badajoz, Francisco Maya, y concelebrada por el párroco de la misma, Antonio Sáenz, Manolo Malagón (que hasta hace unos meses fue el párroco del Cerro de Reyes), Manuel Fernández Rico y Pepe Carracedo. Además, asistieron autoridades civiles, como el alcalde de Badajoz, Francisco Javier Fragoso, concejales, el exalcalde, Miguel Celdrán (que ocupó de los últimos bancos del templo), y una representación de la Policía Nacional, Protección Civil, Bomberos, así como autoridades militares.
Al comenzar la Eucaristía se nombró a las personas que perdieron la vida en esa fatídica noche.
En su homilía, Francisco Maya, recordó lo duras que fueron aquella noche y las semana posteriores: «fueron días de desconcierto, de rabia, de preguntas incesantes, culminando siempre en aquél grito de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”». Además, puso en valor la «ola» de solidaridad que siguió a la catástrofe: «la solidaridad brotó como un río caudaloso para poder consolar, sanar y acompañar a todas las familias afectadas. Los hombres y mujeres de Badajoz y otros pueblos se convirtieron en voluntarios anónimos limpiando el barro de las casas y de las calles, ayudando en el reparto de alimentos y enseres y haciendo de samaritanos poniendo el bálsamo del dolor compartido, de la escucha y del consuelo a tantas familias destrozadas y desorientadas. Los de Protección Civil y los bomberos trabajaron hasta la extenuación; los militares salieron de sus cuarteles para ejercer su labor humanitaria, y se hicieron presentes tanto para quitar barro como para aportar cuanto hiciera necesario. Los políticos de las distintas instituciones del Estado como de la Región y de la ciudad de Badajoz se coordinaron y actuaron con gran eficacia, olvidando las diferencias políticas. Toda la ciudad se sintió solidaria con el Cerro de Reyes. Y desde toda España llegó una riada de solidaridad propiciada por particulares, instituciones, asociaciones, comercios, empresas, equipos de futbol, etc.». El Vicario General puso en valor la importante labor que se desarrolló desde Cáritas, que se desbordó por tanta generosidad: «Había que organizar y hacer que todo lo que se recibió llegará con celeridad a los afectados, pero no irracionalmente. Todos ponían su grano de arena, para que la esperanza brotara y renaciera desde el amor hecho solidaridad».

Lucha contra la pobreza
También tuvo palabras de recuerdo para «Santiago Moreno, párroco en aquel momento de esta barriada, que sufrió y lloró con su gente, quedando marcado para siempre por la experiencia vivida, y a D. Manuel Malagón, que llevaba poco tiempo como sacerdote en este barrio, y metido en la calle, entre la gente, se dio por completo».
Francisco Maya finalizó su homilía recordando que «aún queda mucho por hacer, la vida que brotó de aquella solidaridad debe permanecer en este barrio y en toda la ciudad. Aún hay mucho sufrimiento, mucha gente sufre por la falta de trabajo, y se encuentran en la pobreza y la exclusión. Debemos de nuevo unirnos todos para afrontar los grandes retos de nuestra ciudad. No se trata de echarnos las culpas unos a otros, sino de sentarnos, dialogar y buscar soluciones eficaces para luchar contra la pobreza en las barriadas de Badajoz. Éste quiere ser el empeño de nuestra Iglesia, y por eso desde Cáritas diocesana se quiere planificar un programa de lucha contra la pobreza para las barriadas más pobres de la ciudad. Ojalá que el espíritu que marcó el quehacer en la lucha contra los efectos de la riada sea el que prevalezca en estos momentos».
Por otro lado, en Valverde de Leganés la misa de ese día se aplicó por los difuntos de esta riada.
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