Fue beatificado en una ceremonia en Madrid junto a otros 59 beatos españoles de la familia vicenciana
La Diócesis cuenta desde el pasado sábado con un nuevo beato. Se trata de el P. paúl Rafael Vinagre Torres, nacido en la localidad de Feria el 24 de octubre de 1867. El P. Rafael fue beatificado junto a otros 59 nuevos beatos españoles de la familia vicenciana, martirizados en la persecución religiosa del siglo XX en España.
«Celebrar a los mártires es celebrar el amor de Dios», dijo el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, durante la beatificación de 60 mártires de la familia vicenciana que ha tenido lugar este sábado en el palacio de Vistalegre, en Madrid.
«En España se realizan con frecuencia beatificaciones de mártires», ha recordado el cardenal Amato. «La Iglesia hace esto con un doble propósito: invitar a los fieles a permanecer firmes en la fe, y animar a todos a evitar el terror de esos años oscuros». Por eso, los mártires «son una oportunidad para ensalzar la fuerza del bien que vence al mal».
«En aquellos años no se respetaba ni la vida ni las ideas de los demás», ha continuado el prefecto de Causas de los Santos, «y parecía que el único objetivo era aniquilar a la Iglesia católica. Fue un vandalismo ciego e ignorante, una tormenta que asoló violentamente la nación, cubriéndola de cadávere». En este contexto, los mártires «fueron asesinados por la única razón de ser católicos. El tesoro de la caridad de estos testigos provocó el enojo de los partidarios del mal, falsos profetas que animaban a destruir la Iglesia y a matar, pero ellos respondieron con generosidad y sacrificio».
Para el cardenal Amato, hoy su testimonio «nos invita a nosotros a seguir su ejemplo de fe y caridad en la vida cotidiana, y a orar por sus verdugos, ofreciendo también nosotros el regalo precioso del perdón». «No podemos ni debemos olvidar a estos mártires, porque son un testimonio de vida cristiana. Y no debemos ni podemos olvidar esta trágica historia para que no se repita nunca esta oleada de odio fraticida», ha concluido el cardenal Amato.
En este sentido, el cardenal Osoro, arzobispo de Madrid, ha destacado al final de la ceremonia que «la Iglesia no puede olvidarse de estos hijos suyos que unieron su sangre a la sangre de Cristo». Ha subrayado asimismo que «Madrid es una Iglesia de mártires, en la que se veneran los restos de 440 santos y beatos mártires del siglo XX cuyos restos reposan en el territorio de nuestra Provincia Eclesiástica», y pidió a todos ellos interceder «por la concordia, la paz y el progreso de toda España».
Finalmente, el superior general de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, el padre Tomás Mavric, ha ensalzado el testimonio de sus hermanos declarando que «estos miembros de la familia vicenciana llevaron con fidelidad dos experiencias decisivas iniciadas por san Vicente de Paúl: la caridad y la misión. Que su beatificación sea para todos nosotros un estímulo para crecer en la fidelidad a nuestra vocación».
Además del cardenal Amato y el cardenal Osoro, han concelebrado otros cinco cardenales, el nuncio de Su Santidad en España, obispos, vicarios episcopales y numerosos presbíteros, entre ellos se encontraban Manuel Valero Sánchez, párroco de Feria, y los sacerdotes coritos Manuel De la Concha Leal y Antonio Becerra Cordero. Y han participado más de 3.000 personas en la ceremonia. La celebraciones continúan este mismo sábado y este domingo, con una Misa de acción de gracias en la catedral de Santa María la Real de la Almudena, a las 10:30 horas, presidida por el arzobispo de Madrid.
(Archimadrid / José Luis Bonaño)
BIOGRAFÍA P. RAFAEL VINAGRE TORRES

MINISTERIOS Y APOSTOLADO: La familia del P. Rafael era oriunda de Salvatierra de los Barros, donde es bastante común el apellido Vinagre. Su padre ejerció allí de maestro hasta el año 1860 en que se trasladaron a Feria por razón de su carrera. Dejó su padre un gran recuerdo como profesional y como persona.
El P. Rafael fue un extremeño de constitución fuerte, valiente, que no se arredró ante los diferentes destinos al extranjero, como Filipinas y Méjico. Un hombre bueno y servicial como su padre, que mereció el cariño y la gratitud de todas las personas con las que tuvo que tratar en su vida apostólica. Un sacerdote y religioso humilde, obediente y disponible a los superiores que le enviaron en cada momento a donde hiciera más falta. Un misionero trabajador y celoso por la gloria de Dios. Había vivido dos situaciones de persecución con anterioridad en Filipinas y Méjico, países en los que consumió sus años jóvenes como misionero de la Congregación de la Misión. En ambas ocasiones su preocupación fue atender a las numerosas Hijas de la Caridad que estaban incluso más expuestas que los mismos sacerdotes. Estas vivencias pasadas le ayudaron en 1936 a aceptar el martirio que veía inminente.
Manila y Jaro en Filipinas. Tlalpan, Oaxaca, Puebla y Lagos y la capital en Méjico son lugares donde trabajó en la formación de los sacerdotes nativos y la atención espiritual a las Hijas de la Caridad. A finales de 1935 recibió su último y definitivo destino como segundo capellán de las Hijas de la Caridad en la casa de retiro de Valencia, llamada familiarmente La cartuja en el pueblo de El Puig.
MARTIRIO: Al P. Rafael Vinagre le acogió generosamente en su casa de la calle Boix, 4 de Valencia, como si fuera un familiar, el matrimonio Lacárcel-Michavila, personas conocidas de las Hijas de la Caridad del Asilo del Niño Jesús de Valencia. Allí permaneció oculto hasta el 28 de agosto en que se presentaron a buscarle una cuadrilla de cuatro o cinco milicianos armados y, sin que lo pudiera evitar la familia, se lo llevaron al penal de San Miguel de los Reyes, sito en el antiguo monasterio cisterciense de su nombre, en los edificios que hoy ocupa la Biblioteca valenciana, avenida de la Constitución, 284. El Sr. Lacárcel con su hijo de 12 años pudieron visitarlo una vez, con el consiguiente riesgo. Volvieron unos días después y ya no estaba. Al P. Rafael Vinagre Torres le había tocado salir de la cárcel en una de las famosas “sacas” del Penal de San Miguel para ser fusilado el 11 de septiembre de 1936 en el picadero de Paterna (Valencia), lugar de su martirio. La causa del mismo no fue otra que el hecho de ser sacerdote y misionero paúl.

