En la tradicional convivencia anual entre los sacerdotes con el Arzobispo

Pasadas las 11 h. del martes 7 de enero comenzaba en el Seminario de Badajoz la Jornada de Convivencia Sacerdotal que tradicionalmente celebran por estas fechas los sacerdotes de la archidiócesis y el arzobispo.
El primer acto del día era el homenaje a los sacerdotes que celebran bodas de oro y plata sacerdotales. Dos son los que este año cumplen 25 años en el ministerio: D. Vicente Martín Muñoz y D. Manuel Enrique Hernanz Carroza.
Más numerosos son los que llevan medio siglo: D. Julián Arroyo Díez, D. Juan Becerra García, D. Joaquín de las Heras Hidalgo, que no podía asistir, D. Francisco Delgado Mancha, D. Juan Francisco Holguín Murillo, D. Ángel Maya Romero y Mons. Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Jaén.
Manuel Calvino, delegado Episcopal para el Clero daba la bienvenida a todos los asistentes, 130 sacerdotes llegados de toda la Archidiócesis. Los dos sacerdotes que celebran bodas de plata recibían la insignia de la archidiócesis y Manuel Enrique Hernanz lo agradecía en nombre de ambos. En su intervención afirmaba que Dios se manifiesta en la normalidad de la vida y que llama a quien quiere, no por los méritos del elegido. Agradeció a los superiores, formadores y compañeros que tuvo en su etapa de seminarista y aseguró que “Dios nos llamó en el pasado, pero nos sigue llamando”. Pidió no caer en la tentación del pesimismo que lastra la actividad del sacerdote, “incluso de nuestra vocación”, dijo.
Posteriormente recibían la insignia los sacerdotes que fueron ordenados hace 50 años. En el nombre de todos hablaba Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, que por su cargo se sentaba junto a don Celso, en la presidencia del acto, pero que manifestó que había venido a compartir el día con sus compañeros. “Nosotros entramos en un seminario muy tridentino y salimos de otro muy postconciliar”, dijo don Amadeo, quien reconoció que empezaron su ministerio sacerdotal en tiempos muy convulsos y aseguró que “50 años de sacerdocio son 50 años de amor de Dios en nosotros”.
Don Celso Morga cerró esa primera parte de la jornada afirmando que este encuentro es un motivo “para que estemos todos juntos. Que estemos unidos es lo más importante. Lo que tenemos que temer es la desunión entre nosotros”, dijo.
Esta idea volvió a reafirmarla en la homilía de la misa que vino después. Esa misa fue presidida por don Celso y concelebrada por don Amadeo y el resto de los sacerdotes asistentes al Encuentro. En ella se pidió especialmente por los que celebran sus bodas de oro y plata sacerdotales durante el curso y por los sacerdotes fallecidos en el último año: Berardo Lorenzo Vila, Julián Rodríguez Asensio, Ramón Conde Porras y Fernando Ramírez Ortiz.
Tras la misa tenía lugar la comida fraterna.

