Fui forastero y me hospedasteis

Queridos hermanos: ¡El Señor os de la paz!
Todavía está muy vivo en mi mente y en mi corazón todo lo que he vivido durante la visita del Santo Padre a España, que tuve el privilegio de seguir muy de cerca.
Mi balance no puede ser más positivo. El magisterio que nos ha dejado, tanto en lo que nos dijo como en los gestos que tuvo, ha sido muy rico. Necesitaremos tiempo para ir desgranándolo y asimilándolo.
Uno de los temas tal vez más actuales y más desarrollados ha sido el de la dignidad humana.

Durante el viaje y en diversas ocasiones, sobre todo en su visita a las Islas Canarias, nos mostró que la dignidad humana es inviolable, sin importar la procedencia ni la situación. Partiendo de este principio, particularmente desde el puerto de Arguineguín, resaltó la dignidad humana y la responsabilidad tanto de los países de origen como de acogida de los migrantes.
En ese escenario, testigo de tantos dramas, subrayó la necesidad de vías legales y seguras, además de promover la integración de los migrantes; criticó duramente las políticas migratorias que priorizan fronteras sobre vidas humanas, y las mafias que se enriquecen con las vidas de los migrantes. En su mensaje, además de recordarnos que “todos, de algún modo, somos migrantes”, nos invitó a mirar al migrante no como una cifra más, sino como un rostro, un hermano o hermana que busca esperanza.

Nos recordó, además, que la fraternidad es el camino que Dios nos invita a seguir, construyendo puentes en vez de muros, resaltando que debemos acoger con generosidad, proteger con justicia, y acompañar con amor. La inclusión, dijo, es un paso hacia el Reino de Dios.
A la Iglesia, también a nuestra Iglesia que peregrina en Mérida-Badajoz, nos lanzó un desafío ante el cual no podemos ser indiferentes: ser faro de esperanza y semilla de una fraternidad verdadera.
Queridos hermanos, como discípulos de Jesús no podemos olvidar que el Señor se identifica con los pequeños, con los últimos y más vulnerables, también con los migrantes: “Fui forastero y me hospedasteis”. ¿Qué nos está exigiendo esta realidad como individuos y como Iglesia?
Vuestro hermano y pastor

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz